lunes, 3 de junio de 2013

El guardián del olvido


     Ya me he comido un bocadillo riquísimo, de chorizo picante. Esto sólo lo puedo hacer aquí, pues a Jaime no le gusta la comida fuerte. En cambio a mí me chifla, claro está, sin abusar. 

     En mi casa siempre ha habido guindilla picante, no cayena sin una guindilla larga parecida al pimentón picante de la Vera. La sembraba mi padre y mi madre la colgaba en la despensa boca abajo, para secarla, y de ahí, durante todo el año, quien quería no tenía más que alargar el brazo para servirse. 

     Tan sólo la usábamos para aliñar el arroz, da un gustirrinín muy peculiar. Recuerdo que una vez mi padre lo usó para adobar una artesa de patatera y claro, como no tenía cogido el punto de medida, te puedes imaginar cómo estaba la patatera; tomabas un pellizco y la boca se prendía como un fogón, ya podías beber todo el agua del río que, aunque te ahogaras, no había forma de apagar la picazón. 

     De postre una pieza de fruta fresca, un gran tomate de ensalada, sabes que madura a partir de una flor así que, sin lugar, es a dudas una pieza de fruta. También había en el supermercado unas naranjas grandes y gordas pero, no sé, la cáscara no me llamaba la atención y las manzanas, muy hermosas, eran muy caras. 

     Jaime también ha comido bocadillo, no le quedaba más remedio, su jornada es aún más agotadora que la mía. Se levanta a las seis y repasa hasta las siete y media, que es cuando sale de casa (el examen de lengua, que ha hecho hoy, muy bien). Al mediodía, a las dos y media, se despide rápidamente de los amigos y regresa a casa para las clases de inglés. Hoy ha comido bocadillo, aunque ha tenido tiempo suficiente para calentar la merienda (pero creo que el plato de cuchara aún no le convence) y enseguida, a las cuatro y cuarto, a la academia. Después tiene que volver a Cáceres ya que tiene ensayo de ocho a diez. El autobús le deja en el hotel Extremadura y desde ahí, dando un buen paseo, cruza la ciudad de punta a punta para ir a parar al conservatorio. Muy consciente de su faena se ha llevado el libro de naturaleza ya que el viernes tiene otro examen. Al salir irá a casa de Luis a esperarme. Y por fin, sobre las once y media, finaliza el día, a cenar algo caliente y a dormir en tus brazos, Amor mío. 

      El miércoles tiene concierto en Coria y el jueves en Cánovas,… y va tan feliz, sin la más mínima queja y sin pizca de fatiga.

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