Una Mujer de voz tan diferente,
de piel blanca y mirada bruna.
Luna de clara y mansa laguna,
rayo que tilda vidrio de fuentes.
Anida Linda mi modesta morada,
lengua de fuego que en mi alojo.
Declaman su nombre y llamarada
tibia e intensa surge en mis ojos.
No me abrasa la calina estival,
ni arcángel que vadea el cielo,
sino el duelo de amor mortal
es el me consume sin consuelo.
Aire, mi Éter taumatúrgico,
lluvia, mis Perlas aspergidas.
Ósculo, con ademán litúrgico
pétalos que me lega la vida.
Collares, Dios mío, con su saliva,
diamantes de su rojo terciopelo.
Palpas, Dueña mía, con flagelos
un corazón ahogado, a la deriva.

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