lunes, 16 de septiembre de 2013

Reverberar


     Si no me hubiese incidido luz y yo, de idéntica forma, no hubiese reverberado amor, me habría consumido sin claridad, a oscuras.

     Ahora, a tu lado, percibo la vida más que dulce, más que sabrosa. Así, arrimado a lo que más quiero, aposento los incalculables latidos de su excepcional corazón. Esta querencia sé que podría llegar a atragantar mi apetito. Pero tan necesitada de bondad está mi alma y tan generoso has hecho pecho, que ahora y siempre, lo que más estimaré en mi destino, es desfallecer de la calentura que provoca mi intensa Amapola, es desmayarme libando el manjar de su piel de pétalo.

      Mi Niña, me maravillo tanto de las ascuas de tus labios y de la incandescencia de tus ojos que, ajeno a lo cotidiano, divago lunático por el interior de tu celeste razón.

     Tan enamorado estoy que, de ese inabarcable y hermoso firmamento que me descubres, intento obrar tus asombrosos colores, perfilar tus trazos finos y emular tu singular figura. No como un pintor envanecido que dibuja sobre un lienzo, no para delimitar otro retrato más; no, mi Amor, yo quiero, como simple y austero hombre, sentirte y sorprenderme con los infinitos poros que revela tu piel, quiero comprender tus perfectos visos y, para dar sentido a toda mi vida, quiero con las acuarelas de mi alma intentar duplicar tanta impecable belleza y devolver todo el encanto que sea capaz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario