sábado, 28 de septiembre de 2013

Amor mío


     Amor mío, cuáles son mis menesteres. Acaso ser un esponjoso y fresco jergón o quizás un fino y sedoso pañuelo, bien sea jergón o bien sea pañuelo siempre, con sumo brío y sin misterio, abrazaré tu cuerpo con alas de ángel guardián. Sí, acepto de buen grado y de por vida este cálido cometido.

     Amor mío, es posible ser un misino pomposo y bigotudo que confina su mundo a lamer tus pies, a restregar las vibrisas, el cuello, el lomo y la cola a diario y durante horas por tu lírica piel; o tal vez ser un can pequeño y juguetón, que mira, escucha, olisquea y persigue tenaz y de por vida la tierna caricia de la propietaria de mi corazón, de la dama de mi alma. Ora micifuz ora chihuahua me postraré, inclinando mis patitas delanteras, arqueando mi lomo, exaltado, casi enloquecido, y sacudiendo el rabo con fervor a que tiendas tus manos para que ¡aúpa! de un salto descanse feliz sobre tus piernas, descargando el inasible ardor de mi corazón humano como un animalillo humilde y apasionado.

     Amor mío, tal ver ser un canario amarillo limón, tan intenso como el Sol, que al amanecer agolpa toda su sangre para descascarillar con trinos la superficie de mi corazón y así sacar cientos de coplas de amor. Inquilino del sesgado pecho de mi Vida, canto los versos de mágicos que prenden tus ojos y acucian tu sonrisa. Feliz por el amor salobre que me entrega la Mar de su boca, por servir mi vida a mi bellísima Amapola…

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