jueves, 5 de septiembre de 2013

Amanecer


     Hoy debería ir corriendo a abrir la ventana de tu dormitorio e incluso, algo terco, tomarte en brazos y llevarte a la terraza. Cogería una bata fina pues quizás sea excesivo el frescor y, desde ahí, en ese nido particular y con el aire limpio que llega desde el norte, acariciaría tus finos hombros evitando que se te erizara la piel. Permitiría, también en el mirador, que regresaras al sueño, rodeada de visillos florales y, sobre todo, abrigada con sedosas caricias.

     Yo no sabría si duermo o prosigo despierto, sólo sé que continuaría con esta vida de ensueño, resonando tu resuello en el silente crepúsculo. Feliz y sonriente, mientras curioseo tu hermosísima mejilla, te susurraría no sé cuanto pareceres, mas tú continuarías echada, bordando flores.

     Ni un secreto, hablando sincero y sin miedo. Ansiando los bellos luceros que se mueven tras tus párpados, lacrados por las legañas del sueño. Una infinita mirada, me reclino lentamente sobre tu rostro y rozo, como príncipe y Bella durmiente, tus labios. Quiero sacar a mi Flor, a mi divina Amapola, del nimbo de lo onírico.

     Que venga, ¡ay!, mi Amor, que yo en mi pecho la envolveré. Acunando su vida entre mis robles macizos. Sí, seré una cuna para su existencia, un remanso de paz para que mi Luna yazca esplendorosa. Una brisa tan leve de besos que como hoja blanca se diluirá sobre mi cristalino seno. Aquí, esclavo par ti y esclava por mí, corazones encadenados perpetuamente, condenados por mensajes irrompibles de amor….

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