viernes, 13 de septiembre de 2013

Maestra


     Con un apelativo firme, fuerte y vivo, muy vivo, tanto como el de un corcel de overo canela que, entre revoltosos potros y con dientes aún leche, trota radiante. Con dos prístinos sobrenombres, uno sinónimo de la perseverancia, como el de una abejilla que, poco a poco, obra en los demás obra un silo de dulzura, y otro similar al sosiego, muy puro y más entrañable que lo onírico.

     Así, flamante, siempre muy temprano y casi al galope, va a diario un paraíso sorprendente, a acuciar miradas perdidas, a sofrenar juegos y travesuras… y, sobre todo, a arrocinarse entre ellos, no como una bagual indómita sino con un suave petral que rodea el indefenso pecho de los niños y los nutre o alienta con un Amor que jamás olvidarán.

TE AMO, VIDA MÍA.

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