sábado, 7 de septiembre de 2013

Hoy va a ser un día atípico


     Hoy va a ser un día atípico, muy entretenido, pues ayer compramos pinturas para brocha gorda y ahora, posándonos como diminutos insectos en todos los rincones de la casa, vamos a recomponer su aspecto. Por qué, es sencillo de suponer, la semana que viene Ella abrirá la puerta y su vidriosa mirada no debe derrotarse lo más mínimo, tiene que fulgir constantemente.

     Así que barreré y empaparé este suelo que hospeda nuestras extraviadas toses y nuestros espontáneos estornudos, para que la blanca lluvia de la brocha no se seque y desluzca el suelo que pisarán tus dulces pies.

     ¡Ay! si entre los sedimentos encontrase un pelo largo y castaño, un filamento fino y lírico de su melena. Espontáneamente la boca se me inundaría, nervioso balbuciría entre burbujas y veloz, o volandero, me heriría para a asegurar tal tesoro en mi corazón…. 

     Mi Amor, como tengo que encalar las paredes y barnizar las puertas…, podré transcribir en cada recoveco los versos de tu alma, tus íntimos sentimientos. Así ultimaré la construcción de esta casa y la haré más que confortable. Para que cuando estés aquí, en cualquier de sus sala o, no sé…, cuando hagamos la cama, amasemos el leudo, asemos pimientos o, ausente y relajada, goces de un baño se sales; adviertas que las paredes se arremolinan como viento a tu cuerpo, que las blanqueadas paredes se aspergen en gotas de sudor cuajando sobre tu piel y acicalándola con diamantina luz…. Que en el salón, en la alcoba, en la cocina o en el baño no haya silencio, si no un susurro perfecto, algo que disuelva la extenuación y la confusión, algo transparente que ocupe hasta el espacio que queda entre los dientes y conforme un espacio confortable de amor donde el corazón revoloteé como libre colibrí.

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