domingo, 2 de marzo de 2014

Ciérrame los ojos mientras me trenzas entre abrazo


     Ciérrame los ojos mientras me trenzas entre abrazos. Agráciame, sin preguntar, con la violenta fiebre que dan tus brazos, tus ojos, tus labios,…. Sabes que soy esa fiel flor que, tanto entre el aire frío de la noche como en el breado y azaroso mundo diurno, cumple en silencio llenándote de susurros y cubriéndote de arrumacos. Tal como la Luna seduce a los novios, o cautiva a los niños o, simplemente, se desploma levemente sobre el expedito destino de los desamparados.

     Con que violenta ola me ahogas, igual que un acantilado paralizado, aguardo tu bello embiste. Así, a diario renazco, entregándote, como soldado tenaz e imbatible, toda mi osadía. Quemo la música, mastico los colores y desmenuzo los sueños, todo lo barajo en mi pecho, lo esclarezco en mi mente y lo deposito inocentemente a los pies de mi serena Flor.

      Detén, bella Maestra, el brío de tu pecho y ábreme tus finos pétalos para poder beber del dulce elixir que es savia que me mantiene en vida.

      Seré enamorado suicida que amortaja y desangra su corazón, a la antigua usanza, en cartas amor. Inmóvil, naufragando entre los sueños y prensando la mente. Orador de ardor que esculpe lágrimas escritas sin llegar pestañear, con la tenue luz de salón, con una chaqueta raída y desbocando los dedos. Por qué, porque labraste una pasión perfecta en mi pecho y, aun no estés a mi lado, estás inmarchitable tras mis párpados. Siempre sintiendo el melódico susurro de tu reciente quehacer…, en trance me tienes, Vida mía, aguardando a que fugues hacia mi lado y escurras lenta saliva en mi boca….

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