Mi Amor, es todo bien sencillo. La tierna hierba todo lo emboza, los almendros se revisten de blanco y los melocotoneros de rosa e inmensos lamparones de siempreviva amarilla y de fina manzanilla aspergen y aromatizan la dehesa.
En cuanto al Sol apenas resucita colgado entre las grises nubes y un sinfín de cristalinos y mansos brazos se ciñe al cuerpo llano del prado.
¡Qué sencillo! el olor del picón y la carbonilla que se calcina bajo la falda de la camilla, de la masa recién cocida que invade la enmudecida calle… y el saporífero vaho que exhala el llar de las cocinas….
Tanto cobijado entre los brazos del sillón, frente al teclado, como cruzando los campos para acudir a mi labor, frente al volante, o, sencillamente, cuando me abro de par en par en el aula, frente al encerado,…; siento que te sueltas por mi pecho como si se rompiese un cántaro rebosante de agua, que estallas intensa como tersa Cereza llenándome de cándida sinceridad.
Huelo el campo como si no hubiese mejor perfume y, sin saber cómo, desasgo en dulces gajos mi corazón, para depositarlo con toda su bondad, tal si fuesen uvas pasas, en el pecho donde lo he de atesorar.
Aun tenga zapatos viejos, ropa raída y trabaje a deshoras no me siento pobre, pues no hay mal sueño en mi alma, sino más bien todo lo contrario, me siento renacer en romería primaveral, vivir contantemente en feria estival…, Amar, Amar y Requeteamar a mi Niña y a mi Hijo, aun hubiese nociva ceniza en los caminos.

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