sábado, 22 de marzo de 2014

Como pesa a estas horas el día


     Como pesa la jornada a estas horas de la noche. Poseo un molimiento tan bárbaro que la cadera debilitada no es capaz de sobrellevar el peso de todo el día y los párpados se me nublan una y otra vez, y los brazos terminan flácidos; pero siempre sedosos sobre el teclado.

     Mas, aun así, siendo escasa mantequilla que pringa inabarcable rebanada de pan, acometo con ímpetu a cosechar los golosos y maduros sentimientos que da mi corazón. Son tantísimos que, si no los entresaco a diario, sé que se derramarán por las yemas de mis dedos como empalagosa resina de vida, un oleaginoso e inflamable líquido que puede llegar a sonrojar peligrosamente tu piel y a prender súbitamente tu mirada.

     Desparramar sobre el teclado suave ternura, rico afecto y algo de ese inconsciente dolor que así se flexibilice aún más mi forma de ser. Dulces perlas de lluvia que atempera cualquier tipo de furia. Linfa sumisa, serena y dócil que desleída en cartas besa al ser leída, que me abandona y reclama los labios mi Dama.

      A pesar del alejamiento esta amalgama de sangre azucarada se me despega batiendo valladares, encogiendo el tiempo y acortando la distancia. Así, como cabo indestructible de acero, se anuda a dos fuegos que se funden en una misma quemadura que, aun viviendo a solas, son una sola luz de Amor ciego… una misma brasa de corazón quemado… enamorado…

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