viernes, 21 de marzo de 2014

Alabeas los labios y arremolinas la lengua


     Alabeas los labios y arremolinas la lengua, en esa saliva tuya disuelvo esta savia mía, de flor siempreviva. No soy una yema común y ni mucho menos un bulbo exótico, tan sólo soy una brizna encogida tras su binza, un devanar transparente que buenamente se deshace por vivir….

     Cuando en mi boca adentras la cálida mar de tu entraña un géiser sofocante se erige inundando cada apéndice de mi ser, una fuente termal que preña de fértil felicidad cada célula de mi cuerpo, un manantial de amor que se duplica, se triplica y se multiplica de manera incalculable, que gira hendiendo mi corazón de guisa insondable y horada mi razón con querencia ilimitada.

      Dime, qué contiene ese fértil fluido que en mí derramas. Acaso es líquido que empapa mi alma de Sol diurno o es vaho añil que inhalo incluso en sueños. Siento ese éter incorpóreo que me cubre como edredón de cielo nocturno, es un firmamento sutilmente estrellado que alumbra mi mente y la pone en jaque de amor incomprensible.

     Nadie concebirá hasta donde llegan estos lances que, como zarcillos en ojal, se hilvanan a cada poro de mi piel o que, como alamares áuricos, aprehenden todo mi tiempo oscilando bellísimos en cada segundo.

     Polen de Amapola llena la brisa que respiro.

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