Así pues una prosa primaveral más, transcribirte otra declaración de amor. Mantengo la más firme de mis promesas, una abnegación eterna de pasión. Pues disfruto de la sed de amar la Mar de mi alma, de hospedarme en ese encerrado Manzanar que hay tras senos de quinceañeros.
Sí, este corazón sólo tuyo, lo sostengo en el borde de la locura, en linde de tramontana y de cálidas aguas salobres, en el núcleo de mi único Halo, sobre el barro que da savia a la más hermosa Flor.
Son dos brotes que confinan un secreto, dos yemas enraizadas al recuerdo que arden como nardos de Eros. Indefensas e inseparables florecillas que diseminan por dondequiera estén el inenarrable sueño que aposentan en sus pechos. Es un cariño indescifrable el que se cultiva en ese oasis remoto e impenetrable, de singular belleza.
Acá está la llama granada de nuestra verdad, la huracanada paz que ocurrió al juntar ambos camino. Un misterio que nos despeñó por una claridad que sólo es palpable dentro del corazón. Se marchitará sin abrir las puertas, clamor invisible candela viva,… sin el destello de juntar los labios.
Vibró su femenino pecho exhalando melodiosa voz y un lirio, cautivo por tan atenta lírica, segregó amor desde su poético corazón. Ahora aposenta ataúd por pecho, pues su corazón sobrevive embotellado dentro de mármol cristalino, alados latidos que alza los ojos oteando una linda atención en la Mar de mi Niña. Sí, sumiso rebusco la amatista de su mirada, la esmeralda du sus labios o, sencillamente, el pelo que se enredó en el cepillo que guardo en el baño…

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