Comienza la madrugada y continúo llenando de amor el corazón de mi Vida. Sí, así sigo, lacerándolo con flechas de Cupido. No lo hago por inmolar tu esternón sino por descorazonar mi conmovido pecho y abroquelar cada uno de mis latidos entre los hálitos de tu alma Luna.
El deseo de poseer esos despiadados labios me consterna en un sinfín de celos. No es dolencia pues se consuma esta dulzura en dicha, querencia que acepto de verdad, mi Amor.

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