jueves, 27 de marzo de 2014

Que jornadas tan rápidas



     Que jornadas tan rápidas, van tan prestas que casi no da tiempo a aspirar profundamente nuestro aire vital, a expurgar la cochambre de los alveolos dilatando los pulmones; y así pasa otro día y prescribe con inconsciente adiós otra semana. Va todo tan deprisa y transcurre tan embarullado que la garganta se me reseca y las venas languidecidas se cuajan de raspas.

     Mas por fin regreso a mi origen, al lar donde me esperáis. Allá, a mi materna morada, voy raudo para tumbar mis huesos y ligero para pasar de ser un pobre gusano a crisálida entre sedas, para transmutarme de flácida larva a esbelta y zafirosa mariposa.

     Ser, a vuestra vera, un atrevido y absoluto todo, un espejo pulido que se disemina como luz de estrella; una semilla de hilaridad que sólo eclosiona en un par de delirantes jardines. Aguardar a cada crepúsculo, con asaz de dicha, para descifrar en versos lo que creo que esperáis de mí: el singular sollozo del fondo mi pecho.

     Para ti, Mujer mía, portaré sobre mi esqueleto inenarrable sinceridad para que camines bellísima, como siempre, y eufórica de tantísima pasión; y para él, mi Hijo, me desnudaré para que advierta como debemos de ser. Renaciendo milagrosamente, a la hora de la aurora, en la gran realidad y respirando feliz, y sin miedo, hasta quedar dormido en la última hora….

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