¡Ay!, que delato mi pasión. Siempre está aquí, a flor de piel, dominándome y tan asida que es imposible de soltar, ni siquiera de despegar un poco. Querencia que noto justo dentro mí y todo lo demás asuntos los veo vanos, tan inanes que ni siquiera los advierto, distan incluso más allá de mi horizonte.
Así de repleto me posees, anegado con las olas de mi Mar, encepado con sus finos tallos y con los suaves pétalos de mi Amapola o ciego por la profunda inmensidad de mi Casiopea. Noté tu saeta mortal, estocada que pico mi corazón y me hizo perder la razón.
Es maravilloso lo que me infundes, así lo expresaría, pues al cerrar los ojos escapo como bala al aire situándome instantáneamente a tu lado, lanzando chasquidos de besos, abordándote con caricias, suicidando mis palabras en el abismo de tu corazón…; entregando lentamente, día tras día, la vida que ya no poseo, pues a mi Niña y mi Niño les pertenece.

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