Mi Niña tiene razón, el acolchado cielo se alborozó tanto a su paso que aspergió diminutos y cristalinos borlones en su deslumbrante piel. Sí, había indicios de aguanieve en el parabrisas del coche, unas gotas tan microscópicas como el rocío. La algodonosa nube se devanó en cascabeles por la calle, alegre y atenta águila que a su paso tapizó el suelo con mantas de espejos.
Qué expresan esas sutiles chispas hialinas, son tan pequeñas que ni siquiera entrañan frío, menudencias diamantinas que labran la superficie pulida del cristal, que orlan el suelo que Ella pisa; …qué representan esas sueltas y desabrochadas canicas, acaso intentan bordar el saleroso paso de mi Mujer, su hermoso talle, su sereno y sincero rostro....
Cuando se arrima lo justito a una pizca de agua, ésta se torna preciosa, de jade, reflejando los visos de su abrigo negro o gris, de sus guantes azules, de su cartera parda y su bolso de elefantes. La miaja de rocío muta excelsa y noble reverberando la miel de su piel y el abisal ámbar de sus ojos, una cadena de asperjadas gotas que adquiere un valor ilimitado. Mas, aún así, si alguien disfrutara de esta alhaja distaría inmensurable distancia de lo que en verdad es sentir el embrujamiento directo de su amor.
Aunque yo en estas notas refleje un indicio de su entraña me quedo en un minúsculo ápice de describir cuan preciosa es. Su pecho, ahíto de mullida ternura, es inmenso y su airón corazón abriga por igual a sus niños, protege su familia y nos acoge a mi hijo y a mí. Es más que una estrella de diamante pues sólo refleja primorosa y transparente forma de ser.
Mi Vida, alago tu aliento, el aroma de tu cuerpo, tus finas cejas, tus pestañas, tus orejas y tu pelo corto y suelto. Amo, mi Amor, el agasajador Olimpo que posees por pecho, el divino corazón que entibia tus venas y acalora mi alma, ese tropel de latidos que es la antecámara de mis sueños, …el umbral de mi vida.

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