Yo sé muy bien que ni me daré la vuelta ni retraeré las manos. Sé, que aun esté parado, correré a exprimir mi pecho y también sé que mi cabeza, muy loca por tan dulce vaho que me alzas dentro, se arremolinará entre esos sentimientos rebuscando racional expresión para mantenerte hermosa eternamente. Así, sin pizca de olvido, ulceraré mi corazón de tanto macerarlo.
Ya me cuidaré de no malograr mácula oscura que ennegrezca su alma y, si es preciso, me aplastaré las yemas y los labios para entremezclar mi saliva con la sangre en aurora lírica, en beso verso y caricias de poesías. Sí, tan vital eres para mí, que golpearía mis fosas nasales para sacar tinta tibia de mi mismísima entraña.
Me siento tuyo, tanto que he dejado de poseer un cuerpo pobre y frío, ahora advierto que exuberante hiedra se alza por mi entraña, se agarra a los ojos y domina mi aliento. Me noto deslumbrado o enajenado, escuchado constantemente pájaros por dentro. No me importa, incluso me gusta, y si es necesario que me hospitalicen, mas les será imposible extirpar el azucarado libro que escribe en mí, mi Niña.
Yo sé muy bien lo que atesoro dentro y miedo me da, pues si alguien se colase en la cerebral morada que ella atavía en mí, se desesperaría de tantísimo amor y me mataría para robármela.
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