¿Aguantaré la tarde lúcido?, como desvelada vela, o seré tan sólo ola de sueño que roto y derrotado caiga al lado de tu cuerpo. Con algo de empeño me mantendré cuerdo, sin perderme, y con ganosas esperanzas de volver a galantear, como barca perdida, sobre la Mar de mi vida.
Deslindaré eternamente esta orilla, seré la tácita tierra que aguarda la embestida de agua salina. Mas sé, que mientras aguardo cierta fortuna, habrá congoja que me ahogará como si naufragara entre fantasías, que incluso quebraré en llanto entre las rocas del escarpado acantilado del destino.
Pero de costa a costa, por toda esa anchurosa Mar titilarán mis ojos como porcelana blanca, codiciando una única Piedrecita para mantenerla entre las valvas de mi corazón, una brizna de ella que ya es perla entre las conchas de mi pecho.
Con cautela, sin velas ni remos, espero una pequeña lisonja que no sea simple señuelo. Sé, que si vuelve la pongo en peligro y que si a mí no viene, mi desdichada ventura se pierde insegura en ponto oscuro, en sombrío Mar helénico… En fin, entretejo al viento esta jarcia interminable de amor que me abarloa a un solo corazón. Sin perspectivas de tenerte pero ufano, como inalcanzable cima, de quererte locamente.

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