martes, 18 de febrero de 2014

Mariposas


     Catedrales de plata blanca en cielos dormidos, agujas de otro mundo que reposan en silencio. Ahí, en esa apartada existencia, me camuflaré esperando la dulce dádiva de sus manos. Me abandonaré bajo esos arcos donde respiro cristales de agua helada, donde la alba calma, como fuese si llama, cuartea mi piel, enluta mi alma y amortaja de desconsuelo mi corazón.

     Mientras soporto el sombrío peso de otra alianza, de ese sello que me desposeyó de mi Niña, que la retuvo con anterior sino, aguardaré a que un haz insignificante luz atraviese la transparente roca de la distancia, a que la armonía del querer nos junte de nuevo.

     No pido nada más, tan sólo que no haya olvido y, por supuesto, que en la insondable Mar de tu pecho no haya sombra alguna. Por ello me detendré en la misteriosa noche que me ahoga como fulgurante Luna llena, cohibiendo mi canto dentro del teclado.

     Que ruede tu vida, que haya perenne primavera para mi mirífica Amapola, que aleteen sus pétalos en el aire añil y que se calme el brío de su inmenso corazón. No quiebres de Amor, que aquí inmarcesible seguiré, sembrando letras cautivas en la distancia…

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