Expresarse debidamente, no sólo con humildes palabras sino con todo un haz de agasajos. Exteriorizar desde la más insignificante reminiscencia hasta el recuerdo más bárbaro, para que no se malogre ni una gota de la inmensidad que siento. Devorar, sí, devorar ansiosamente la razón vaciando mi loco y enamorado juicio en forma de regalos, halagos o vocablos. Recalco, que lo haré ansiosamente, como hambriento de no poseer nada más, ni siquiera lo imprescindible para vivir,.. un mendigo que abre ambas manos para asir la flama encarnada que emana, como ritual, en cada latido de su corazón.
Son gestos inocuos que revelan la atención que entrego a mi Niña, aspavientos que ella acepta sin rehuir y con celo los arraiga en su pecho. Es tan fácil de complacer, unas miajas de aquí y unas menudencias de allá y radia desde dentro como Sol que es.
Por ejemplo, si la calzas unas insignificantes zapatillas instantáneamente adquieren en ella el significado de frágiles zapatitos de cristal, o si la cubres con una prenda ligera y fresca de repente se muestra esplendorosa como revestida de floresta primaveral, o si la adulas con una amoratada bolsa de aseo para que atesore su reservado y arrebatador perfume ella se diluye azucarada por el aire endulzando cada rincón que acaricia como si fuese musgo húmedo, denso y otoñal.
¡Ooooh!,… ese lindo presente de muñequilla maestra que sólo refleja ligera gracia de cuan maravillosa es, o sus finas e íntimas prendas que se adhieren al su sedosa piel con lascivia queriendo comprender esa calidad suavidad, o un corazón frágil, este año de cristal y el pasado colmado de ruiseñores y mariposas, para que lo sienta y lo lleve siempre consigo y se sienta alada por dentro. Compartir cada conversación, como si estuviese ahí, a su lado, investigando en la cueva de Maltravieso, preparando el tema del puente de Alcántara, o entrelazando todos los cabos de la excursión a Atapuercas. Sí, disfrutando de ese día que la proclamaron la reina que es, o riendo con las gafas de buzo que evitan que lagrimeé cuando pica llorona cebolla, o con ese “pumba”, que suena tan bonito y gracioso cuando ella lo cuenta, sí, ese golpe contra un cristal transparente….

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