Ya he adecentado la casa, tan sólo queda una última pincelada al armario y a la cocina, cuando se seque la ropa y termine la comida.
Ahora a ataviar nuestro lar, no con simples palabras sino con una desgrana de sentimientos caligrafiados que conforman en líneas finas el trino humilde y suave de dos revoltosos pajarillos. Así es, he de abigarrar en la brisa de este espléndido día el latido de nuestros corazones. Latidos que no son sino la inacabable poesía de dos almas marginadas a vivir separadas.
Mas no será amor triste, pues se alzará intenso bañando el cielo con el vaho del pecho. Así, con rima sencilla, ambas flores crearán un soberbio jardín de alma aunada que coruscará celeste, no como Sol o Luna llena sino puro como gusanillo de luz que surge por el iris de nuestros ojos revelando cuan intensa es la claridad en nuestro pecho.
Ecos de amor que a todas horas y en cualquier lugar restallan con vigor. No hay calma en nuestros corazones, entonan con ta n conmovedores anhelos que asemejan a luz blanca de amaranto aterciopelado que aflora tan si estuviésemos uno enfrente de otro, mirándonos…
Prosigo como siempre, aun sufra por no poder recoger la gala que se abre tras tus encarnados labios. Mas no estoy triste pues sé de tu amor y francamente, aunque ahora no me sacies con tu dulce saliva, sé que si te suplico el suave bálsamo de tu Vida me tildarás a besos, aun me desmaye de tan vasta pasión.



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