Pazco lentamente en frondoso herbazal de campo, ramoneo de un árbol que me otorga delirante savia y todo fermenta dentro de mi cuerpo, en mi pecho, en mis células… dándome un vigor inimaginable y ferviente, de exaltación estival.
Es esa densa dimensión, ese lugar de incandescencia áurica y locuaz dedicación. Un acristalado pecho que recibe mis latidos congelándolos como selladas flechas en el extasiante rubí de su alma. Nadie sabrá, aun la posean materialmente, que infinito talento posee. Mas yo descifré la pétrea erudición que aloja tras sus párpados, ese vasto hueco que estalla luminoso y blanco, como mística luz solar, y que a mí se abrió en agudos destellos. Haces que derrotaron todo crepúsculo inmerso… Ahora, gracias ella, me siento luz, una caja torácica de espejos que reverbera lava en cada palpitación. Todo es por ella y para ella, para el ensueño que se hizo realidad.

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