Ya está, ahora me recostaré
en tu pecho y esperaré
a que nazcan de improviso
las palabras de los amigos.
Cristalino como oasis inmóvil
reflejaré sólo la noche que soy.
Sumergido, sin grito alguno
en un abismo virgen, puro…
sostén mi cuerpo, abarlóalo,
aun sin eslabones, a esa Mar
de la cual me he enamorado.
En fin, en olor de manzanas
y de inmarchitables azucenas
me consumiré en la espera.
Cenizas de lirio de primavera
que, sin savia, espera los besos,
los blancos y pequeños senos,
yemas desnudas y latientes
que se mezclan con la sangre
cálida que yace en mi corazón.

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