Mi Amor, todo va muy bien. Tan solo me quejo de unas cosillas nimias. Una es que cuando cae la noche se me despista de tal forma la cabeza que no atino ni donde deposito las llaves, ni donde sitúo la cartera y menos donde suelto el teléfono; sí, tal es el fallo de mi razón que antes de acostar, para hallar el teléfono que uso como despertador, José tiene que hacer una llamada perdida. Qué decir de la cocina, despisto la sal o la confundo con la azúcar, la cuchara, el mechero de prender los fogones, equivoco el brick de la leche con el del vino o lo meto todo en el frigorífico. El despacho, la inasible montaña de papeles…, supongo que es la culpable de todo, pues timbra tan fuerte en mi interior que cortocircuita mis dendritas neuronales.
Mas, mi Sol, me hace a diario amanecer, me lleva a echarme como tenue sombra bajo su opalina luz de Luna, un ambiente único que deshilvana todas mis sinapsis y así, cada delgada prolongación neuronal, queda tonsurada y clara. Es su ardiente alba de palabras, o el ocaso de su sinceridad o, tan sólo, el abecedario alado de su corazón el que taumatúrgicamente desborda mi razón. Que bello, Vida mía, es tu estanque cristalino, es ese pensar profundo y entrañable el que me cubre de nenúfares, que me alza el corazón aspergiéndolo como arcoíris cegador dentro de mi memoria.
Preferiría, Vida mía, estar físicamente a tu lado y encallecer mi oscura garganta a base de haces luz. Sí, conjugar cientos de diminutos colibríes que zumbaran amor, sencillo amor, alrededor de tus oídos. Mas me conformo con arrojar sobre este espacio en blanco del ordenador una nube mohair de paracaídas, para que sentada al otro lado presientas mis piernas, mis brazos que te rodean, mi satisfecho colibrí que, desde aquí, te susurra cuanto de ama…. En fin, deseo que este tosco sonido del teclado se transforme en beso suave y dulce, como de aceite de oliva con azúcar, que penetre en ti, Mujer, sin necesidad de abrir la boca, que impregne tus ojos, e incluso mudo, se infiltre por tus tímpanos y que se detenga para siempre en tu alma; mi apresurada sangre que exalte de amor tu corazón.

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