domingo, 15 de diciembre de 2013

Si mi cuerpo fuese una flor sin espinas


     Si mi cuerpo fuese una flor sin espinas. Una flor que tan sólo se riega con la fina cinta de agua cristalina que penetra por mis ojos. Una flor que, con la virtud de un par de fulgores, se perfila desde muy temprano con suaves colores….

     En todo estos casos, mi Amor, habría de agradecer la entrañable y cálida fragua que para mi eres; la única que me moldea a su antojo. Un lecho de incandescentes rescoldos que funde mis pétalos, los marchita lentamente e incluso los consume sobre hojas secas y blancas donde, de una en una, templo el imborrable filo de mis puñales de Cupido, dagas de amor que revierto sobre tu corazón. Soy una flor afinada por un Amor y, a la vez, soy capaz de labrar una efigie única en Piedra perfecta.

     Sueño con la sencillez, con la esperanza de que un día me agite y tremole libre en todas direcciones, jugando con el viento. Tan sólo quiero ser un aroma natural que se disuelva por el aire, un olor singular que se borre imperceptible. Quiero ser musgo verde y húmedo, de barca perdida, que abrace a mi Piedra, bogar por el camino de su destino, ser solo para Ella.

     Cruzaré su paso con mis pies desnudos, vadearé, aun me ahogue en la demencia, su espesa mirada de miel. Le cederé mi cuerpo para que no caiga sobre cualquier tierra sino para que pise alfombra de nube, para que me ambicione a su antojo y me tome, incluso no me merezca nada.

      Ebrio de tanta belleza te entregaré a diario esta voz que no me cuesta nada, la abandonaré ante tus ojos para que la escuches sin necesidad de acercarla al oído. Latidos de amor que se calman con solo una fiesta de luz, con un par de crepúsculos canelas, con el carnoso muerdo de cielo que atesora dulce boca o con las dos yemas blancas que como carnosas manzanas libaría hasta morir….

No hay comentarios:

Publicar un comentario