Y si me seco como la rama de un árbol, y si esta madera alegre que sustenta tu corazón se languidece otoñal hacia el suelo.
Cuando termine el día, Vida mía, cuando parta de Badajoz hacia casa, alzaré la vista y orientaré mis labios y mis manos hacia la calle Cañada, me estrujaré el cuerpo, lo apuraré como si fuese jugo agridulce de limón y vaciaré hasta la última gota de mi pecho.
Cuando esté en casa, Amor mío, continuaré con la vista perdida y helada en una única ubicación, y desperezaré mis yemas sobre el teclado, las agrietaré hasta que no me reserve alma alguna para dormir.
Ya en la cama, con una bellísima fotografía en la mesilla, siempre a tu lado, ladearé el cuerpo y abocaré suavemente mi labios hasta rozar tu mejilla…, hasta sentir tu cálida boca y así verteré el poco amor que a la noche me resta en el pecho, y abandonaré mi mente para que divague por el lindo abismo de tu ser, que ahí se restaure, en tan fértil belleza y que, mágicamente, al día siguiente, vuelva a ser tu arbusto frondoso, primaveral, rebosando la savia de mi ….

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