jueves, 30 de mayo de 2013

Vamos amor a dormir



     Sin que suene el despertador me desvelo sobresaltado. Miro la hora y me tranquilizo, aún es temprano, me vuelvo a sedar y descanso algo más. Al final el inerte reloj se sale con las suya y ratifica que ya es la hora, mas yo muy bien sé que es demasiado temprano y que aún no he descansado lo suficiente, pero no más remedio remedio. 

     Siempre queda alguna menudencia que hacer antes de marchar. Revisar los ejercicios de ambos cursos, preparar la merienda de Jaime y seguro que surge algún menester. 

     Además, y por supuesto, he de sacar el tiempo para el momento más grato, un rato para nosotros. Si no hubiese tal ocasión, me pregunto, de qué serviría madrugar. La aurora, Vida mía, no sería la misma, quedaría tan huraña como mis ojos, ya no me vagaría pasear por el campo y perdido desecharía poco a poco todo mi sincero tesoro. Plañir todas las perlas de mi vida, hasta secar mi alma. 

     Mi Vida, con el cansancio que hacino en los músculos, en la sien y en los párpados, miro la pared y la siento profunda, hueca, como si estuviese abierta. Mi sellada pupila surge al exterior y todo lo que observa y entra mi interior se refleja sin deja huella, como breve destello en espejo, ni siquiera cerco de haberse posado en mi razón. 

     Toda la esfera gira diáfana, o al menos así lo distingo…. Que ganas, Vida mía, tengo de encerrarme dentro de mí, y aún me queda toda la tarde. ¡Pum!, tiro de la puerta y atranco el párpado; hazme un lado y acógeme en tu pecho, Amor mío que necesito dormir.

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