Tu inagotable caminante soslaya la cuenca que nos dista; obediente azacán del cariño que, jornada tras jornada, vadea cristalino vacío. Nadie percibirá el repiqueteo de los zapatos y en cambio nuestro inagotable paso creará “Pontem perpetui mansvrvm in secula mvndi”.
Así, para cubrir el vano que nos separa, erigiré pétreos ojos, arcos de inasibles sentimientos e invisibles palabras que bien encajadas y apoyadas en ambos pechos conforman un Puente sincero y evidente de querencia. La argamasa será el deseo irrefrenable, el grito mudo que se expansiona como nebulosa de supernova, no un estertor en el vacío de la noche constelada, sino un caleidoscopio de luz infinita que irisará todos los sueños de mi Flor lejana.
No habrá silencio entre nosotros y cada día nos faltará tiempo. Será una vida sin fin, una historia inconclusa con origen en Villar del Rey, una relación pulida con la saliva de un beso que, en mí, brilla más que el Sol y que jamás se extinguirá. Amor mío, el agua de tu boca fluyó por mi garganta, se precipitó hasta mi pecho y desgarró sin violencia todo lo superfluo.
Gracias a ti, Amada mía, piso firme, hablo alto y vadeo a pleno pulmón la profunda sima de lo cotidiano. Tú, en mi pecho, has erigido un pilar donde encumbro un templo sin noción de tiempo, un santuario de paredes plateadas, de suelo marmoleo y ambiente de incienso. Al aire, sin alas y sin apenas hacer ruido, vuela resuelto templete, es tu Corazón, el más tierno…, jamás pensé que pudiese existir tan lindo.

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