martes, 28 de mayo de 2013

Venga arriba



     Venga arriba y a correr que he de cantar cuánto es mi querer. A estas horas, he de recoger del amanecer todo lo hermoso. Del verde pasto, que puntual despereza al alba, cosecharé la sábana de algodón blanco que lo viste durante la noche. De la valla de encinas desgreñadas y alcornoques de torso descorchado, que lindan la serpenteante calzada que cruza la sierra de San Pedro, guardaré la nívea gema llena y tímida. Del aurea matinal o vespertina, que con lenguas de fuego prende el cielo, vendimiaré la azúcar que miela tu pecho (no se olvida este voluptuosos deseo de hacer el amor bajo el Sol del ocaso). 

     Que es nuestro amor sino una lluvia torrencial de paisajes, de palabras, de gestos y detalles; de anhelos que anega el alma. Quiero romper este dique y ahogarme entre los remolinos de tu lengua. Mujer, hecha ternura y de fortaleza, de místico dolor y sublime alegría, frágil como el llanto de un niño pero reservada con su destino. Necesito el abrazo de tus brazos, anhelo vivir junto a ti…, te Quiero.

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