Hoy, tras una jornada de armarios, toca menesteres de cocina para toda la semana, que no es poco. Pero como primer cometido haré esa tortilla de patatas y esos filetes empanados, guisados con vino y ajo; como si fuese a salir de romería. Después, cuando ya haya aderezado esos manjares hasta un punto de aliño perfecto, salpimentado entre lo azucarado y lo salado e intentando emular la apolínea y adictiva delicia de tus labios, continuaré con los habituales guisos que siempre, como madre de José, haré con condimento de Amor.
Cuán lejos estoy de ello, de emular el gusto de tus labios. Cuando supero el andamiaje que nos separa y perplejo adoso mi boca a tus delicados labios, reparo que no hay termino capaz de parafrasear la levedad de su piel; que no existe vocablo que describa la escalofriante sensación que me origina la saliva tu paladar; y que, Amor mío, no hay ni temblor de lira, ni ondulante ola de mar, ni siquiera existe encarnado haz de pétalo de rosa capaz de reproducir la sinuosidad de tu arco de Cupido.
Soy, Vida mía, consciente de esta impotencia y por ello prefiero no transcribir más paráfrasis que vislumbren mi torpeza. Supongo que el problema es sólo mío, pues creo que habrá un lujuriante vergel que posea aroma que se asemeje al perfume de tu aliento; que cobije una flor de pétalo corinto y plumoso; y que posea un riachuelo fino y cristalino que cabriolé entre los cantos, tal como la saliva diamantina se descuelga como cuerda de arpa desde tu lengua rosada.
Así que, aunque no te lo preguntes, me sincero ahora. Soy un poeta gris que no es capaz de danzar al son de tus perfectos pies, un aedo anodino que tenaz y enamorado mira bien a lindísima Mujer. Quizás, en esta porfía de caligrafiar cuanto te amo, es donde destaco. Así pues, utilizando pluma, mi corazón tildará de por vida tu hermosura. Seré tu gorrión romancero que desgranará áurica cebada para una Dama. Gorrión ciego de amor que, grana tras grana, transcribirá su corazón en millares de hojas y secas las volará al viento para, por el trasluz de tu ventana, se sedimenten otoñales sobre tu cama.
Si, volaré a diario como gorrión, para depositar color en tus ojos y dar calor a tu pecho. Sacaré a través de mis plumas adobes de exquisita ternura que alimenten de manjares tu memoria, tu pecho, tu corazón… solícito aleteo de amor para tu paladar, Amada mía.
BUENO, VOY A SEGUIR CON LOS POTAJES.

No hay comentarios:
Publicar un comentario