jueves, 11 de julio de 2013

Rescátame


     Rendido de bregar por el aula y el taller. Ya, antes de media mañana, me quedé afónico de hablar y así, con las cuerdas vocales irritadas y la garganta seca y árida como el campo en verano, no hacía más que carraspear. Ahora, entrada la tarde y después de haber exprimido toda gota de mi razón incluso ese aspergido detalle que creía perdido, se atempera mi frente, no por el calor estival sino es más bien por el exceso de pensar, y me quedo ausente con facilidad, perdido por el limbo, después de aclarar las dudas.

      Me duelen los ojos al ser meras ventanas abiertas de par en par que descargan mi memoria, se me lastiman los labios al balbucir una y otra vez los mismos contenidos, se agolpa la sangre en los tobillos al pasar tantas horas de pie… Mi Amor, este hastiado cuerpo tuyo, esta cerrazón de carne molida posee un corazón rebosante de felicidad que precisa ser rescatado a besos, que requiere las prefectas parábolas que la luz del día contorna sobre tu cintura. Sáciame Vida mía, ven y rescátame de esta amarga soledad, rompe la penosa distancia que se interpone entre tu cuerpo y el mío.

     Declamo tantas veces tu nombre, descarno tanto mi corazón que apenas queda sangre para otro menester. Sólo la bombeo hacia las yemas, quedando exangüe el resto de la piel. Desde aquí, vesánico desde la primera declaración de amor, grito por dentro lo que tú ya sabes. ¡Esperaré!, Amada mía, evocando el tacto de tus manos, reviviendo el vaho de tu alieno e invocando una pizca de saliva que me mantenga con vida.

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