jueves, 25 de julio de 2013

Perfecta


     Por fin del sueño podré sacar una miaja de usufructo, desperezaré sin sobresalto de quedarme dormido y, sobre todo, dispondré de más tiempo para mi Niña y mi Totelito Totolate, mis Amores.

     Me pregunto si involucrarse sin mensura, y sin apenas descansar, con el trabajo me conduce a algún lugar. A veces me veo como inadvertida brizna de trigo que se seca en una pradera inmensa, una paja que germina una espiga delgada y que sólo madura unas pocas simillas, dejando las demás vanas.

     Presiento que malgasto las horas de mi vida, que consumo mi hado y que quebraré en balde; advierto que soy un inútil tamo bajo el mueble del destino que un día terminará en el cubo de la basura.

     A caso esto, acometer tantos asuntos, es razón de vida. Entregarse en cuerpo y alma a todas las tareas, clasificarlas con similar enjundia y abordarlas sin más miramientos hasta la extenuación; es razón de vida. Canjear el tiempo sin ni siquiera percibir un mínimo gesto de gratificación, es más, recibir todo lo contrario, me increpan que debe de ser más;… es la razón de la vida.

     Dudo de cuál es la razón de vivir, incluso me da miedo pensar en su falta de sentido. Me esmero en escuchar el eco del mundo y, tras reflexionar, me noto ajeno, como si fuese un mero peón de movimientos bien definidos que malgasta su tiempo entre los cuadros blancos y negros.

     En cambio, mi Sílfide, su magia, agita un oleaje en mi pecho, una marea más que útil, valiosísima, que inunda mi razón de ternura, de hermosura,… de sentimientos que van más allá de la locura. Así, cuando paro un instante me oriento como cometa hacia el viento de mi Amada y enseguida advierto como la noche se estrecha a través de tus ojos, doblego mi corazón hacia tu carne y penetro limpio en ese inmenso Piélago, mío, que sólo da amor, que perfila fina sumisión por todo y todos, hasta la extenuación; a cambio de unos simples gestos de gratificación.

     Cuan valiosa es tu luz de intensa Luna que me cuida de noche, tu casta y cegadora luz de Sol que me devora los sentimientos, que hace estallar mi corazón en añicos sobre el papel….

     Tú logras que todo sea diferente: la puesta de Sol en el horizonte, el esplendoroso amanecer, el contorno de los árboles que percibo al pasear por los caminos, las praderas cubiertas de girasoles, de maizales esmeraldas y de mares áuricos de cebada, el trinar de los pájaros, el rumor de los ríos, el susurro del viento…, todo me lo haces distinto, muchísimo más bello, una sonrisa de la naturaleza que tú, sólo tú, Amor mío, logras exiliar dentro mi pecho.

      Un oleaje furioso, un fuego que derrite cualquier alma gélida… así eres, Amapola mía, perfecta.

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