Entre hojas, bajo deliciosas sombras, recalando a través de visos platinos y solazándome en medio de la quietud, por tus insondables e inagotables sentires. Revoloteo grácil de rama en rama, de yema en yema indagando algo tímido rescoldos que exhalan gomorresinas balsámicas y templan nuestros ánimos. Canturreo alegre, más que alegre mientras aleteo por el interior de esta, siempre tuya, endiosada sima.
Instintivamente busco pequeñas y limpias hojillas que centellean como diminutas gemas esmeralda. Las avivo con la savia elaborada por ti que, a raudales, cala fértil por mis dedos y las sacho con la linfa indeleble de estrofas y versos.
Cierro mis cutáneas ventanas y huyo hacia luz que deslumbra mi pecho. Ahí cincelo el diamantino sedimento que colmata en mi corazón, ahí me pierdo feliz entre esos surcos que me quedan exangüe; rehuyendo siempre de las veredas insulsas y tartáricas que conturban la vida.
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