¿Comprendes, mi Amor, nuestra ilación?, es, en primer lugar, conexión de todo corazón. En sentido prístino, es tan natural como el nacer, como emerger desde la tierra, como esa hierba fina que, aun brote humilde y crezca lábil, es inmarcesible y siempre está verde y lozana.
Es una consecuencia lógica, tan evidente como la belleza que posee un amanecer de Sol, o mejor dicho, aun es más inaudita que el purpúreo cielo matutino. Tú, mi Vida, sólo tú haces que sea milagrosa esta interrelación de amor, con tu hialina mirada que es el albor más hermoso que jamás he visto, con tus lechosos brazos que son haces que erradican las sombras de mi camino o con tus besos …,¡Ooooh! ¡tus besos!,… son las piras de cariño, el mero roce de tus labios es plasma que derrite mi alma.
Mi Amor, parece sencillo a simple vista, pero no es así, lo que tú me das, lo que llego a imaginar contigo, no es fácil de describir. Así, no descubro reflejo en la mar que me ciegue tanto como mi amada Amapola, ni hay astro de luz propia que en su tránsito sea capaz de crear el cielo bajo el que vivo. Bien sea en la calle, en casa, en clase o relajándome con un refresco o, sencillamente, cuando estoy recostado en la cama, perfilas amarilla y perfecta candileja en mis ojos, una corona deslumbrante de un Sol que eclipsa toda mi alma.
Tú, algo tan natural y bonito, allá donde estés, me alumbras perenne y logras que sienta mi cuerpo inundado de entrañable calor. Cosecharé tus palabras, tu habla, tu maravillosas forma de ser y la estudiaré como si fuese torre de Babel, permitiré que tus maneras aniden en mi corazón, que lo mordisqueen. Todo lo alojaré en lugar adecuado, como grano en silo, para disfrutar de espejismos de ensueños, De una ilación perfecta de Luna o Sol sobre mi cuerpo.

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