Me asomo al correo y que señal más íntima y fraternal, aunque hubieses dispuesto silencio por el agotamiento de viajar, mi Amor, te habría sentido igual de intenso. Pues todas las noches franqueo nuestra puerta de ensueño y, acurrucándome en tus brazos, me quedo traspuesto y ahí, flotando en Mar amapolino, deliro y pierdo con tus ademanes las palabras.
Juntos, sin dejar de caminar y así voy siempre; colmado de sesgados latidos. Mi Vida, se me humedecen los labios, pues aun reine la oscuridad de la noche, yo, desvelado, perfectamente distingo tu hermoso perfil de Mujer, incluso me ciego con el brillo de tu piel, de tus labios y de tus ojos. Cariño, con el corazón tan volcánico como siempre pero con la razón cerrada por el cansancio no logro adecuada ilación de palabras de amor…

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