Continúo en pie, sin apenas miedo, pues aún hallo aquí, en mí mismo, las caricias que sus manos me dejaron. Ahincado ante transcendentes ventanas, penetro con calmosa oratoria su mirada teísta y pasito tras pasito y manso me agazapo ahí, entre los latidos de mi Dueña.
No hay pereza alguna en esta guarda, pues acá bordo un sinfín de hojas. Cierro los ojos, me recuesto sobre el papel y lo calo con una torrentera de bobas palabras. Sí, bobas lisonjas que poco a poco confiesan humildes sentimientos.
No asgo celo, pues todavía siento el cálido roce de un espejismo que me devora; aquí, justamente en mí, sempiterna y aislada, y tan fina mima mi mejilla….
No hay miaja de galbana en la poesía que dicta mi corazón. Comprendes, aquende en mi mente, indeleble entre las nubes que la encapotan, como siempre adentro de mí, en el citerior de mi pecho, fiel corazón a mi Amor….
No sé huir y no sé alejarme. Despierto y presto me pierdo entre indescifrables latidos, entre empecinadas lágrimas…, no, no sé querer de otra forma….
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