viernes, 9 de mayo de 2014

Cada mañana desadormezco emocionado


     Cada mañana, Amor mío, desadormezco emocionado, cavilando que puedo transcribir. Así, asiduo, despabilo entre deseos ígneos de acariciar, de besar, de hacer el amor…, pasión que me acecha y me estremece de escalofrío; y no sólo unas horas, antes de que la puntual musicalidad del teléfono me apee del coralino ensueño que emboza mi cerebro, sino cada vez que me encierro en sí mismo se alza manantial de muselina blanca que inunda con sedosa quietud toda mi atención.

     Este desvelar no es una salmodia monótona y sin expresividad, ni tampoco es una tarara inaudible y aburrida que se pueda suprimir, es, más bien todo lo contrario, un esclarecer fresco y saludable, como el aspergió de incontables pajarillos que frenéticos se desbordan al despuntar el día; así irrumpes al alba o en medio de cualquier ocasión en mi pecho, un árbol donde trinan enamorados incontables ruiseñores.

     Florece tan exuberante tu querencia, hermosa Mujer, que por completo copas el humilde y sirviente corazón de este lirio. Te infiltras similar a partícula de polen que fecunda inapreciable gineceo y, aun así, microscópica, en un santiamén palias todo mi noctámbulo vacío implantándote en millares de brotes, galvanizando mi yerma dehesa con los pigmento del amor, exfoliándola con un sinfín de pétalos de flores, de astros y de soles, e impregnándola de singulares y embriagantes esencias.

     Ignoro si en la naturaleza hay manantial que recite como ella, desconozco si hay alameda con tan limpio cristal…, al fin veo una senda en calma donde canta hasta la hierba, donde la araña tiende seda y caracol sosegadamente pule su acogedora voluta, al fin puedo presumir de que me quiere maravillosa Mujer….

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