domingo, 11 de mayo de 2014

Asómeme a donde juegan los luceros


     Asómeme a donde juegan los luceros, a níveo cutis aspergido de azucarado sudor que reverbera como estrella. Heme siempre ahí, al borde de lechosa fantasía, ante confitada canela, frente a vidriosa plata…. Deslícese exaltada mirada por la puerta del colegio, revolotee ladina y sin freno como pajarillo que pica por el suelo o piruetea entre verdes brotes y taimada escúrrase como párvulo galopín tras los coches y tras los setos, con semejante alegría, alborozado de felicidad y aguardando a que Ella pase.

     Semeja utópico, mas cierto es que cada vez que surge lo hace con un brillo vario e insólito. Estupenda, o más bien ideal, camina abriendo mi ojos, que la quieren, como si reviviesen cada día. Así, posible e incuestionable, su pasaje es brisa primaveral que abre de súbito mi mente y detona mi campechano corazón.

     Bien con un pantalón ceñido o airado, de vestir, o acaso con una falda alzada hasta sus maravillosas rodillas, o bien con chaqueta clara o con un vestido suelto; con tan gustosa forma vestir,… tan guapísima. Una veleta ligera, de amor verídico, que al caminar por acera estival se orienta precisa a mi paso, se detiene, sonríe y derrama sublime risa. Por el aire, su vaporosa pasión, su carnal perfume, purifica la brisa que respiro.

     Nada ha cambiado, truecas exquisito todo mi alrededor, lo avías tal como eres, y yo, alucinada abeja, voy y vengo de la memoria al corazón, del sillón al campo, del entorno a la yema que enerva mi corazón…, a verte pasar hacia el colegio, a coger el pan y regresar al hogar…, abeja de una única Colmena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario