domingo, 30 de marzo de 2014

No hay sollozo


     Sé que en mi prosa no se halla el sollozo de la soledad sino, más bien, se deletrea lo contrario, la hilaridad de poseer gran amor. En ningún un párrafo se advierte sombra y, ni mucho menos, en las láminas hay manchas de plañir. Tan sólo se recoge la lenta e intangible voz que reverbera en mi pecho, ese temblor inapreciable de un pétalo al asperger, en erial de papel, el rocío de su regocijo.

     Es esculpir Piedra con manos, desmigajarla con prolijidad, aun sea férrea. Es hendir delicado esternón para penetrar en el apolíneo jardín de su Amapola y, así, con detención, deleitarse de la sinfonía de sus escondidos latidos.

     Veréis como se goza, incluso desde fuera, de la ilusión que hay tras sus ventanas, de la armónica inflama de tan egregios ramos. Sí, notaréis que en su mirada no hay pizca de oscuridad, que hasta quema, pues al abrir sus párpados en ella se destella un bosque ardiendo, un océano de flores en el que sólo coge la luz. Una entraña abierta, de blanca nieve, que aposenta un corazón claro que ciega y donde revolotea, como colibrí, inmarchitable lirio.

     Miradla como hechiza, como os lleva, pero dejadme que sólo sea yo quien la ame. Que sólo sea yo quien arranque de mi vida sus versos, el suave aroma que ofrezco. Asentid que sea este añil serafín el único que ofrende su vida por ella….

viernes, 28 de marzo de 2014

Me he quedado helado


     Me he quedado helado, tanto que me he tenido que echar una manta sobre los hombros. Parece que la tamborilera lluvia insiste en enfermar a las luminosas florecillas; y Eolo, ya en boca de abril, se obstina en agitar las aguas de las charcas; y se empeña en seguir con sus trece batiendo la yerba y haciendo gemir a las ramas y las hojas de los árboles.

     Mas yo, igual de aferrado que el tiempo, huello el amapóleo Corazón que atesoro en mi pecho, rastreando hasta las motas de polvo que tú, mi Vida, dejas durante las horas de sueño. Que decir cada día, sino que preso de amor espero a que se rompa esa botella y se esparzan tus sentimientos a los cuatro vientos, a que nuestros deseos sean libres como el aire…; y a que el tibio aliento de tu alma, afinado con tu latir tamboril, seduzca eternamente mi boca….

jueves, 27 de marzo de 2014

Que jornadas tan rápidas



     Que jornadas tan rápidas, van tan prestas que casi no da tiempo a aspirar profundamente nuestro aire vital, a expurgar la cochambre de los alveolos dilatando los pulmones; y así pasa otro día y prescribe con inconsciente adiós otra semana. Va todo tan deprisa y transcurre tan embarullado que la garganta se me reseca y las venas languidecidas se cuajan de raspas.

     Mas por fin regreso a mi origen, al lar donde me esperáis. Allá, a mi materna morada, voy raudo para tumbar mis huesos y ligero para pasar de ser un pobre gusano a crisálida entre sedas, para transmutarme de flácida larva a esbelta y zafirosa mariposa.

     Ser, a vuestra vera, un atrevido y absoluto todo, un espejo pulido que se disemina como luz de estrella; una semilla de hilaridad que sólo eclosiona en un par de delirantes jardines. Aguardar a cada crepúsculo, con asaz de dicha, para descifrar en versos lo que creo que esperáis de mí: el singular sollozo del fondo mi pecho.

     Para ti, Mujer mía, portaré sobre mi esqueleto inenarrable sinceridad para que camines bellísima, como siempre, y eufórica de tantísima pasión; y para él, mi Hijo, me desnudaré para que advierta como debemos de ser. Renaciendo milagrosamente, a la hora de la aurora, en la gran realidad y respirando feliz, y sin miedo, hasta quedar dormido en la última hora….

martes, 25 de marzo de 2014

Daba la sensación de que el camino no se acababa


     Daba la sensación de que el camino no se acababa. Partí, aún sin despuntar la mañana, el viernes e iba, por un lado, trajinando el sinfín de quehaceres que debía terminar ese día y durante el fin de semana, y por el más vasto emplazamiento de mi mente, esbozaba con minuciosidad todo mi rededor para hermosear la inmejorable belleza primaveral y atiplar la aún más el armonioso canto de los pájaros.

     Una niebla vaporosa e inconstante cubría los alrededores, era tan etérea que apenas mermaba la luz del Sol. Así que ante mis ojos se revelaba un bullicio de fuegos florales, un tapiz natural y heterogéneo de pigmentos. Una creación paradisíaca, de mano divina, en la apacible paz del alba.

     Cómo adecuar mis palabras a tan magistral belleza. Ni mi mente, ni mis manos son capaces de concebir expresiones que emperejilen entre la fresca y esmeralda yerba.

     Tan sólo puedo desparramar un elemento similar, la incorpórea euforia de afecto que me brinda flor de Amapola. Sé que si abono la dehesa con esta rebelde pasión, con su dócil ternura, como si fuese humus connatural, las corolas de las flores se abrirían ciegas al haz del querer, los estigmas rezumarían raudales de miel y las anteras reventarían inundando el aire de efluvios jaspeados y alucinógenos. Sería arriesgado, o quizás pernicioso, esparcir hasta la curva del horizonte nuestro escondido gozo, esta inagotable corriente de palabras que nace tras el mismísimo collado de tus dulces senos y sumerge mi atención entre limpios latidos de amor.

     Ya en D. Benito, me centré en la reducida gruta de vocablos técnicos. Anduve paralelo a nuestro bosque encantado, abrevando de vez en cuando mi pecho con el elixir de los deseos. Por ello, por esta ambrosía de dicha, todo lo que decía placía; y así en el curso y así en casa… y así por ti, Vida mía, en todas partes.

     Ya al retirarme a dormir, fundí mis cautivos labios en sueños de placer. Recorrí una y otra vez un abismo, la cálida llanura de tu vientre, alrededor de tu ombligo, besos y más sensitivos besos que te estremecen con tiernos castigos. Un golosmeo de saliva, de amanzanados senos y de íntimo sexo… Perdido en el fuego de tu belleza viva, de tu ardorosa figura, Amor mío.

      El sábado, aún cubierto por el velo de la noche y ebrio de tantísima pasión, me desvelé enseguida. Soy alma andariega porque ama, se me advierte tal entrega por desparramo aloque tinto por mis yemas, porque desparramo la sed que oculto en mi carne. Es hambre por querer y no poseer, por ni siquiera poder sentir una fugitiva pavesa de sus labios…, mas seré perenne eco que prenda incombustible hoguera en su pecho….

sábado, 22 de marzo de 2014

Como pesa a estas horas el día


     Como pesa la jornada a estas horas de la noche. Poseo un molimiento tan bárbaro que la cadera debilitada no es capaz de sobrellevar el peso de todo el día y los párpados se me nublan una y otra vez, y los brazos terminan flácidos; pero siempre sedosos sobre el teclado.

     Mas, aun así, siendo escasa mantequilla que pringa inabarcable rebanada de pan, acometo con ímpetu a cosechar los golosos y maduros sentimientos que da mi corazón. Son tantísimos que, si no los entresaco a diario, sé que se derramarán por las yemas de mis dedos como empalagosa resina de vida, un oleaginoso e inflamable líquido que puede llegar a sonrojar peligrosamente tu piel y a prender súbitamente tu mirada.

     Desparramar sobre el teclado suave ternura, rico afecto y algo de ese inconsciente dolor que así se flexibilice aún más mi forma de ser. Dulces perlas de lluvia que atempera cualquier tipo de furia. Linfa sumisa, serena y dócil que desleída en cartas besa al ser leída, que me abandona y reclama los labios mi Dama.

      A pesar del alejamiento esta amalgama de sangre azucarada se me despega batiendo valladares, encogiendo el tiempo y acortando la distancia. Así, como cabo indestructible de acero, se anuda a dos fuegos que se funden en una misma quemadura que, aun viviendo a solas, son una sola luz de Amor ciego… una misma brasa de corazón quemado… enamorado…

viernes, 21 de marzo de 2014

Alabeas los labios y arremolinas la lengua


     Alabeas los labios y arremolinas la lengua, en esa saliva tuya disuelvo esta savia mía, de flor siempreviva. No soy una yema común y ni mucho menos un bulbo exótico, tan sólo soy una brizna encogida tras su binza, un devanar transparente que buenamente se deshace por vivir….

     Cuando en mi boca adentras la cálida mar de tu entraña un géiser sofocante se erige inundando cada apéndice de mi ser, una fuente termal que preña de fértil felicidad cada célula de mi cuerpo, un manantial de amor que se duplica, se triplica y se multiplica de manera incalculable, que gira hendiendo mi corazón de guisa insondable y horada mi razón con querencia ilimitada.

      Dime, qué contiene ese fértil fluido que en mí derramas. Acaso es líquido que empapa mi alma de Sol diurno o es vaho añil que inhalo incluso en sueños. Siento ese éter incorpóreo que me cubre como edredón de cielo nocturno, es un firmamento sutilmente estrellado que alumbra mi mente y la pone en jaque de amor incomprensible.

     Nadie concebirá hasta donde llegan estos lances que, como zarcillos en ojal, se hilvanan a cada poro de mi piel o que, como alamares áuricos, aprehenden todo mi tiempo oscilando bellísimos en cada segundo.

     Polen de Amapola llena la brisa que respiro.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Comienza la madrugada


     Comienza la madrugada y continúo llenando de amor el corazón de mi Vida. Sí, así sigo, lacerándolo con flechas de Cupido. No lo hago por inmolar tu esternón sino por descorazonar mi conmovido pecho y abroquelar cada uno de mis latidos entre los hálitos de tu alma Luna.

     El deseo de poseer esos despiadados labios me consterna en un sinfín de celos. No es dolencia pues se consuma esta dulzura en dicha, querencia que acepto de verdad, mi Amor.