Bebo la saliva de tus labios, la miel de tus hontanares. Locura que me lleva a libar con exasperación el sedoso estigma de mi flor. Pletórico, exprimo todo mi verso de amor y derrito hasta la última lágrima de tinta. Es manuscrito pulso en una botella que naufraga en piélagos de ensueño. Delicada palpitación de estambre que fecunda el inmarchitable pistilo de mi Amapola.
viernes, 16 de junio de 2017
Rocío de remotos sueños
Aunque no te resulte higiénico y, quizás, embarazoso. El almohadón y las sábanas de estas noches son cadenas de rumores, pues navegaste en sueños que se condensaron en estas prendas. Dormiría abrazado a esa alhaja de hilachas que, como cofre que atesora rocío de remotos sueños, guarda el sudor seco de todas tus dulces noches.
jueves, 15 de junio de 2017
Quedarme desnudo
Me gustaría quedarme desnudo,
tal cual vine a este bello mundo,
y así, limpio, unirme a tu cuerpo
con los sentidos atados a los tuyos.
¿Estoy listo?, ya respiro sin apuro
con tu pecho y me acostumbro,
blanqueo íntima piel, la redibujo
sensible y al olor me acostumbro.
Destapo origen, lo limpio para mí,
y veo recuerdos de una piscina azul
de una mujer bronceada con la luz
del Sol, fundida en bronce y oro, sí.
Nadie hurgó ese laberinto, cuentas
de su vida se atesoran en un baúl
de sueños, tamaño amor es puerta
de inmenso corazón. Su vida cuenta
de días y meses, semillero de alegría,
de gozo, de ilusión y de tierna poesía.
Mis días son álgidos y las noches cálidas,
respiro esencia esperando a la crisálida
que altera mi sangre, me abrazo al rocío
de las lágrimas, al vaho de los suspiros,
al hiriente desconsuelo del pecho, al frío
invisible de la soledad y anulo mi miedo
de desamor con palabras vagabunda.
Son de cariño a los de besos húmedos.
Ni es duelo ni siquiera es un sueño.
Perdón, pues sincero me muestro
al corazón que busco y secuestro.
Soy Cupido que agota su tiempo
entre nubes singulares del cielo,
lanzo deseos en flecha de acierto
que buscan un corazón perfecto.
miércoles, 14 de junio de 2017
No siempre estoy en el mismo lugar.
No siempre estoy en el mismo lugar, pensando delante del ordenador. A veces me paso el día en la cocina, como si hubiese un cubierto más sobre la encimera. Aquí, mi mirada se adhiere al espejo de la cerámica, al vidrio de los vasos, al filo de los cuchillos e incluso a los flecos del disco de fuego que copan la hornilla.
Mis dedos, similares en ahínco, se enraman con la madera de la cuchara, tan íntimamente se entrelazan que lograrían emparejar de forma divina el paladar de tu boca con los condimentos naturales del bosque; así, un océano apenas salobre aniegaría el cielo de tu mágica boca.
La creatividad, convierte la voluntad en iriscencia, y de esta forma combino el corazón rojo del higo con la rosada piel de salmón o, más bien, asemejo una lujuriosa reunión; mas, en esta ocasión es sólo tentación de conquistar la mesa con acuarelas sobre blancas porcelanas, el rojo de la pasión y la tentación rosa de tu sedosa piel.
O bien persigo una mezcolanza de caramelo de azúcar con trazas de menta que burbujeé en zumo de limón, una aleación fuerte y fresca para untar los labios con besos que aviven la exaltación del querer.
Siempre habrá un perol con carrilleras de ibérico de Montanera, donde hiervan las yerbas de los prados de Salvaleón, de Feria, de Frejenal de la Sierra y de Burguillos del Cerro. Un caldo cuidado con mimo, con incesante espumadera que retire cenizosa vejez y deje cristalina la salsa que inunde el iris de una Linda Mujer.
El romero perfilará los trazos que rodean sus pupilas, la hierbabuena albeará su aureola cándida, sin máculas, y el toque del dulce tomillo inundará de miel su forma de ser. Así, en el fogón, borboteo de menta fresca para tallar el interior de su cristalina garganta; hervor de carrillera tierna, de carne que se deshace en el hogar de su boca y atilda amor dentro de su corazón; y todo mojado con un tinto de Pago de las Encomiendas, un Xentia rubí que ajume la oscuridad de la razón y deje correr la hilaridad a puertas abiertas.
También podría continuar en la concina con otros argumentos, con el barrunto de un perro que ladra lejos o, en el mismísimo margen de la cocina, en el alfeizar de la ventana, con el piar de un atrevido gorriatillo, o también con el efímero trinar de la veloz golondrina o de forma más imperceptible pero muy, muy… apreciable, con el leve latido del corazón que pretende en todo instante la belleza, el vuelo de la sangre, la herida de la poesía, la lágrima sensible de amor…
Quizás no sea nada original con esta escritura, pues después de bregar toda la mañana y parte de la tarde, tras atarearse con los quehaceres de la casa en la noche estival y en un día de diario, sólo se busca el agua fresquita para restaurar el cristalino manantial de la boca.
Hiendo el cuchillo en mi terca sandía, retiro las pepitas negras que ensucian mi poesía, aparto la cáscara que camufla la realidad natural, limpio todas, todas… las zonas inmaduras de la pulpa y ya, con sólo lo mejor y sin nada de odio, te escribo con lírica el centro de esta terca sandia, lo más dulce. Es mi vida hombre que fluye en frío inerte, es vida dedicada a conservar corazón delicado, … es el querer el que me desvela, que canta como si nada, que acopia papeles y se entrega, sin mirar hacia atrás, a la senda del amor.
lunes, 12 de junio de 2017
JUSTO DETRÁS DE LOS OJOS
Cuando al fin me retiro, después de entrar y salir, de la comedia de colocar las cosas que, por sí solas, surgen en el medio de la casa, del enredo de subir y bajar las escaleras y de abrir puertas; tal como te dije antes.
Me siento en mi silla, en mi lado de la mesa y me esfuerzo en aquietar mis latidos, mi fatiga. Para ello enciendo una luz en mi cabeza, elijo un color y pulverizo una gota de aroma. Entonces surgen las imágenes, las figurillas que crean ilusiones detrás de mi frente.
Abro una hoja en blanco en el ordenador y comienzo a grabar, con el máximo rigor posible, la lámina que imagino. En este instante las figurillas se tranquilizan y te describen, Patricia, que me encanta pasear por los Barruecos, que me fascina subir a la montaña, que me vuelvo permeable al más mínimo detalle y, así, la simple espiga dorada o el diminuto brote verde me distraen como si la sencillez inundara mi cerebro.
De idéntica manera me emociono con la Luna llena, lo has visto en el vídeo anterior, o con los cortinajes de fuego que se extienden por cielo durante la puesta, o con el centelleante camino que el Sol alinea en la mar.
El abismo del firmamento, en una noche sin estrellas, me suelta la lengua. Hablo hasta el amanecer, sintiendo el agradable aroma del heno húmero, el relente que atemperar mi piel. Me acurruco, advirtiendo lo insignificantes que somos en el universo y, a la vez, lo maravilloso que podemos llegar a ser. Así, Patricia, intento dilatar mi ser hasta el infinito y aspiro, aun sea a base de verso, palpar lo inasible… el bienestar de sentirme en paz, el júbilo de pensar que me quieren y el amor al proyectar todo mi corazón en los demás….
domingo, 11 de junio de 2017
La Luna y el Lobo
Ya se levanta la liviana Luna
del vientre de madre tierra,
despereza tras ígnea bruma
y hermosa se cubre de velos
níveos y se acicala con halo
irisente. Así, desde su cielo,
ampara en dulces sueños
a las almas que destierran
su yacente cuerpo. Un viaje
astral que roza los luceros
del cosmos y logra pasajes
utópicos al revivir el amor
olvidado, la mirada perdida,
la carantoña estremecedora
y el beso…, el beso sincero.
Avasallando los esfuerzos
camino bajo el universo.
No…, aun esté macilento
de dar cientos de versos,
de devaneos de locura,
de hazañas bajo los paisajes
de Whitman y de sentimientos
de pecho para las criaturas.
Incorporo mi existente
espíritu y busco cientos
de sílabas en la cultura
selenita, de la llena Luna.
Se celan luceros insondables
y se desennegrece el tártaro,
mas se ensombrece mi noche.
Pálido albear, la interminable
bóveda que te desenmascaro
en esta tiniebla no es derroche
de letras sino oculta conducta
que brota al aullar a la Luna.
Un ávido deseo de andar.
En la opalescente dehesa
se dibujan, se reproduce
la llama fatua de antaño,
alusión que urdió un daño.
Pero ahora, ansío flotar
como una ligera pavesa,
volar para lograr grabar
una mácula sentimental,
gemas de gotas de cristal
de una risa que transluce
en generosa hilaridad….
sábado, 10 de junio de 2017
El vacío natural
El inmenso llano de verdemar,
de maretas de avena y cebada
y la enfebrecida sesión de piar
en gran butaca de alcornocal
o en sublime palco de encinar.
Ausente, sin apartar la mirada,
camino sin rumbo para limpiar
el tímido rumor de la amiga
sensatez, parto dorada espiga
de paja al deslizar mis manos,
desgrano sus bellísimas divisas,
oro que traza eterna realidad.
Agua verdinegra me impregna
y, en su pulida binza, singular
y azulado chispear de poemas.
Las rimas son un trinar silente
que revolotea el éter, detonar
de cuna de herrerillo y gorrión,
de sisón, ruiseñor y alcaudón
y de los grillos y del inocente
pinar que, al asentir petición
cariñosa del inasible viento,
disemina polen de fecunda
pasión sobre la lozana maleza
que cubre sigilosa naturaleza.
Froto la herrumbre del alma
de deidades extrañas y vanas,
y coloreo esta nueva fantasía
de vidriera; tinte primaveral.
Me sublevo tal cual, un cristal
transparente, reluciente calma
de aguas, de pájaros en ramas
y de oloroso heno para cama.
Ahora, el cálido rayo de Sol,
madura los óvulos de la flor
y conquista el polvo del suelo
con lozano frescor de pañuelo
de seda y con el jovial vuelo
de las amigables golondrinas.
No hay esperanza a la efímera
vida, sólo perdura la verdadera
tinta de escritura, la caligrafía
limpia, sin confines ni puertos,
va más allá de tantos muertos.
Un paraíso puro, de fantasía,
que esfuma toda la ceguera
que ocasiona el ruido artificial.
Necesito conquistar los huecos
retorcidos del castaño, secar
su resinosa sangre y alcanzar
el esplendor áurico del ámbar.
Demando esa espinosa prosa
que se enmaraña al espíritu
como ramal de la zarzamora;
acorralado entre las rozaduras
se infecta de dolor mi entraña.
Mas mi corazón, con hazañas
de hermosos versos, se dilata
por todo mi cuerpo; aventura
real o el ensueño, un diorama
caprichoso que tilda de plata
mi mejilla. Anélido depredador
que saca hasta la ínfima grana
de mi ser, mi inmortal amor…
La semana
Un instante en la mañana para cambiar algo, un hueco para retirar el óxido e intentar brilla.
Sé que todo tiene un final y que en un santiamén la alegría se anula, la bonanza se agota e incluso, la mismísima vida, se desvanece.
Mas, si en mi paso pretendo perdurar en el vasto corazón de alguien y, si acaso, en la mente de la gente, he de decir cosas dignas de oír, he de caligrafiar espacios de ensueño y perfilar entes hermosos. Por supuesto, en este tránsito no hay cabida para la simulación sino la mera presencia debe de ser digna de escribirse…
Así, el inasible aire que el lobo respira no es la esencia de su vida es, más bien, el sentimiento al contemplar fulgor de la Luna Llana. La sensación que reproduce con cada latido de su corazón al correr al margen del precipicio para lograr lo imposible para su camada…
La semana…, fue bien. Si mido el tiempo que emplee en cada día, de lunes a viernes, el primer día fue más que completo y aun así saque algo de mí.
El martes se enturbió por el cansancio y no sucedió nada especial, me alejé en mi precipicio y continué escribiendo. Quería acercarme al final de la poesía y entretejer la última rima, pero los achaques del día anterior enturbiaban mi serena imaginación.
Así que me retiré a dormir,
a alejarme en mí y olvidar
el paso de un día que al final
no tuvo nada de especial.
Al menos, ese preciado lugar
de sueños, en ese sitio cristal,
el cual no alcanzo a describir,
idealicé mi ansia de vivir….
En medio de la semana mi fantasía afloraba. Desenturbiado los sentidos encauce las estrofas hasta altas horas de la noche. Es mi tiempo, la esencia aprendida, donde coseché lo delicado e hice gavilla lírica.
Es la más noble manera de batallar contra la pesada marea de trabajar. Me crezco en un concepto particular, en un tiempo propio, y ando, como en un espejismo, por un universo paralelo donde detengo el tiempo. Es agradable sentir el fragante beso de las flores, el trinar amoroso de los pajarillos y el susurro inasible del viento que cautiva los labios de las hojas aciculares…
El jueves, tan inmiscuido en escribir, hice un informe que chocó con los ojos del jefe… ¡¡¡jeje!!!. Mas esto no tiene lugar, pues sino continúo en mí me oxido y dejo de brillar. Es más lindo escribir juego de lenguas que semejan boca que se besa. Ocurre en apenas un minuto, pero eso sí… un minuto que funde entre sentidos, un santiamén de tacto, de olor y de gusto que dilata el corazón hasta hacerlo gigante…
El viernes, fui por norte de Extremadura, por la maravillosa comarca de la Vera. Mientras conducía lentamente me alejé lo suficiente, más allá de la carretera, entré en la dorada dehesa y, bajo las sombras de las encinas, expandí mi cosmos, lo detuve el tiempo suficiente y lo escribí.
Llegué temprano a casa y, como niño que juega, amplié la belleza recolectada. Continué mi inocente caligrafía, perfilé palabras que no sé a dónde me llevan, frases que no cambian nada, que caerán en el olvido, se desvanecerán con el tiempo….
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