miércoles, 25 de junio de 2014

Diría


     Diría, de forma acertada, -pongamos manos a la masa-. Es la expresión más oportuna para esta tarde que, anudándome un mandil, batallo con la paleta de dorar. Un gourmet tímido y dulce que se deslíe a punto de nieve en su plato. Un meloso sibarita que sabiéndose amado adereza atenta poesía tanto en la cocina, como caminando entre encinas o, simplemente, en la oficina, sentado frente a su virtual vitrina.

     Salteo en la sartén un latido minuciosamente elegido, lo rehogo un poco, en óleo de oliva y sólo para ella. No es por dar posterior dentellada ni por sacudir un próximo mordisco, sino sencillamente es por asestar acertada saeta que escinda su tierno pecho y así recibir en su entraña el buen aderezo de humilde poeta.

     Escucha, Amor, como aliño el exquisito manjar con el que he de seducir las papilas de tu íntimo paladar. Hoy de nuevo se iluminará el firmamento de mi Estrella, no la bóveda plomiza que descarga relámpagos, sino ese cielo edénico y encarnado que oculta un nombre que se deshace entre flechas, dardos que sólo irritan esas desconocidas glándulas de su corazón.

martes, 24 de junio de 2014

La tarde se emplazó plomiza


     La tarde se emplazó plomiza y lluviosa y apenas al entrar la noche, y aunque el cielo se enmendara opaco e impenetrable, se alzó entre las encinas un aroma ligero que invadió cada guarida del prado.

     El perfume de la intemperie, el fresco hálito de la empapada hoja de eucalipto, el untuoso y acaramelado soplo de la jara en flor y el pasto seco y aguado, ese forraje pobre y húmedo que exhala un último estertor de suave almíbar al fenecer quebrado en el suelo o en el estómago de un carnero….

     Su espíritu incorpóreo e invisible me sedujo en la carretea, en el coche y con la ventanilla abierta. Adonde nadie me puede examinar y en donde tan sólo me resta escribir y reescribir poesía en cada madriguera de mi mente. Asiendo firme el volante sentí unos estambres de azafrán y el violento viento de su aliento,… dentelleaba verde cada beso esmeralda que depositó en mis labios.

domingo, 22 de junio de 2014

Un último hálito en la caldera del cielo


     Un último hálito en la caldera del cielo, la semana concluye con ardiente brisa y desemboca sedienta flameando el preludio de otro crepúsculo más.

     Transcribo con hierba quemada, con una hebra fina de grafito, con una hilacha escogida entre la coagulada y seca fronda estival.

     Se enturbia la mirada externa mas penetra suficiente candela de alcohol en la intimidad de mi pecho. Nada puede ceder, todo se alborota en mí y asciende ligero, como un chubasco de nubes blancas, desde mi corazón hasta mi razón.

     Prosigue intensa en medio de mi cuerpo, un único e inextinguible rescoldo, una brasa diamantina que circunda lo trivial, que obvia lo inconsciente y se aísla en reflejos de cariño. Poderosa chispa que modela carnívoro beso y que, sin abandonar en un solo instante mí íntimo centro, talla versos y más versos sólo para su Amor….

Escritorio


     Ahora, que apago el foco de mi despacho y prendo la lámpara que alumbra el pupitre de mi cuerpo, me pongo a transcribir hasta el más ridículo borboteo que estremece mi cuerpo.

     Me reclino sobre mí mismo y, sin malograr ni un mísero santiamén, voy anotando todo el azogue que azota mi corazón. No desperdicio ni el ripio de leves latidos si no me lucro de todo lo que me conmueve. Así, desde la efímera euforia, ora sea una fortuita tiritera ora un inconsciente escalofrío; hasta el ímpetu volcánico, bien sea el calcinante azote de la vasta orfandad bien una desternillante sacudida de carcajadas. Todo me es áurico, todo es tesoro que adoro; aun reste sin uñas de escribir en soledad….

     A diario y únicamente para Ti, desplegaré un anchuroso cobertor de color y lo recargaré con desesperados sentimientos caligrafiados. Tan vasto será que, aun revueles sobre él, jamás divisarás sus orillados ribetes y tan copiosamente novelado que, ese bellísimo Escritorio de blanca e inmaculados senos, el que idolatro alocado y en el que siempre que me reclino es como si lo sedujese por primera vez, se desbordará en albricias y enamoramientos.

     Como un alfiler de acupuntura me infiltraré bajo su tersa piel, nutriéndome de su deliciosa dermis y estimulando una hilaridad que en forma de sudor vítreo dimanará rutilante a través de sus poros. Desmembraré cada hebra de luz que ahonde su iris, la segmentaré en un espectro de colores desconocidos, en una pira de estrellados ensueños que cuajará integra en la bóveda de su razón.

     Anidaré en su caja torácica, adonde asila su convulso y gran corazón. Entrevetaré su carne con unto fino y claro, con un trazo ralo y perfumado que ingresará como hila de nata azucarada entre su musculoso tejido. Palpitará delirante, como el de una adolescente drogada de versos, e incluso llegarás a llorar por no logar compensar el bárbaro amor que le brinda su delirante lirio.

     Sé que soportarás bien este meloso apolillar que horada tu corazón, sé que aguantará bien el inagotable manantial de mi hontanar, sé que incluso rehuirás de mirar mi correo pues cada vez que lo descubras se te abrirá una fuente llorera que pulimentará tu mejilla. Más no serás capaz resistir el deseo y lo avizorarás como albor necesario que cada mañana se alza lejano dando todo de sí,… laureándote con humilde amor.

martes, 17 de junio de 2014

Oda al sosiego


     Me reservo los daños que me infrinjo y, si acaso, pido piedad al lecho y al sillón, pues ellos son los que sin pizca de desdén sorben mi derrengo. Que injusto soy con ellos, pues después de mejorar con su hospitalidad, ni siquiera les atuso la guata.

     Así es, abuso del asiento hasta tal punto que, arengando con cariño a mi Niño, les empapo en sudor, o en lágrimas, y sin darles tiempo a orear sus paños, regreso terco a escribir o, tan sólo, a vivir sobre su cada vez más mugriento tapiz.

     Diríase que fiel soy al diván ya que, para versar con querencia o, mejor dicho, para chasquear cariñosa poesía sobre las pequeñas teclas, me atrofio humilde y abandonado en el amplio cojín de mi tresillo.

     Habrá faltas ortográficas y enredos gramaticales entre tantas galimatías significativas. Pero además habrá verde y fresca yedra, hebras endebles de perejil, de hierba buena y albahaca y, quién sabe, si habrá sed de barco sin Mar o infatigable custodia del olvido en pecho que, aunque no sea nido de niño, se asemeja cuando se escudriña con la vista. Todo este sino del destino, toda esta ferviente fuente de deseos lo haré aquí, aprehendido en su mullida almohadilla.

     Cuan amplio este lugar que a merced me brindas, tan extenso y mudable como kilométrico Nilo, sin horizontes visibles; como una gran ciudad atestada de libros; como una vasta dehesa inundada de luces violetas, de lirios morados o de labios encarnados de Amapolas…; de arias de croares y de trinos de ruiseñores…. Así de libre me siento en la hermosa prisión que se abre ante mi sillón….

sábado, 14 de junio de 2014

Con este calor pierdo la razón


     Con este calor pierdo la razón que, junto a mi corazón, fluye sin gobierno como lenta gota de óleo. Mis tréboles marchitan su cuarta hoja y decaídos, por lóbrega atmósfera, se desbordan a través de mis yemas, inundan el teclado con íntimos “nomeolvides”.

     No es brea ennegrecida, ni ceniza de hojuela calcinada, más bien es folíolo de solitario lirio que, depauperado, se apacienta iluso en su bosque.

     Modero mi relente pues no puedo recargar mis telarañas con incontables perlas, éstas se romperían y el suelo se empaparía con hilos de frío rocío.

      Tea inextinguible o pira danzarina, ardor que consume y apura el licor dulce y loco que ajuma mi cuerpo. Prende rubí y alumbra señero este corazón, late infatigable por los pétalos de una sola flor, por los encarnados labios de una Amapola….

     Silencioso, cubierto de otoño, me resisto a cicatrizar mis lamentos en su Océano estival…. Continuaré sacudiendo mis dedos, escupiré secretos versos a través de mis poros, esculpiré besos de ensueño en su boca que, sin más remedio, caerá sedienta sobre mi remanso cálido de amor manuscrito….

viernes, 13 de junio de 2014

Unos minutos



     Unos minutos, sólo pido unos escasos minutos al día, a la semana o cuando tú desees verme, no ansío nada más. Pues para llevarte consigo tan sólo preciso un ameno roce, una vivaracha caricia o una luminosa mirada o, solamente, un guiño que sugiera que perdura un entrevero de inagotables sentimientos.

     Así no me urgirá usar máscara de carnaval para desencajar sobre mi faz la alegría, sino me bastará con un vivaz o zalamero ademán para que apercibas que, inscrita en mi carne, se prolonga infinita atención lírica. Aunque para disimular evidencias de tan bárbaro cariño mi corazón acabe mudo al mundo y mi ruborizada faz reste para siempre tras veneciano antifaz.

     Musitaré, Vida mía, a través de las yemas. Mi risueña boca se reducirá al sensitivo repiquetear en un teclado, una gesticula jovial de afanosa abejilla que, de tecla en tecla, recolectará y cuajará dorada miel para una sola Colmena. Inaudible y sin apenas masa descorcharé prisma de tinte que te inundará el pecho con aroma de mosqueta.

     Sera amor único que irrumpirá ciego y sin pantomima. Líricas rimas de plata de Luna que rielan alrededor botella cristalina, vidrio que acoge a Una, a la más bella, a esos ojos que se cegaron tras el primer beso, a la fina piel de nuestros labios que, de por vida, se diluyeron en la Mar salina de una Perla divina.