domingo, 6 de abril de 2014

Voy a dormir con mi carita hacia el este


     Voy a dormir con mi carita hacia el este. Embozaré mi cuerpo entre las sábanas y echaré a volar mi alma. En silencio desplegaré, sobre las escasas encinas que unen nuestras casas, invisible frazada de sedosas palabras y así, inclinándome hacia ese cariz y deletreando a destiempo, saciaré tu sed, Amapola mía, derramando agua fresca tras tu piel, aun grites por herida de amor.

     Mas no serán simples locuciones sino, desde ese aroma a jara que me inundó con el primer beso, es caudaloso río de tinta cristalina el que tú desbordas de mi boca y que no para de crecer. Sí, de esta guisa, desde lo más profundo de mí y rodeado de aquellos armónicos trinos, afloró hilván de arroyo lírico para inundar la Mar, mía, con tiernas e inmarchitables hojas blancas. Perseveraré a cuerpo desnudo inmarcesibles sentimientos, no a puñados sino con elocuencia, frases bordadas con cariño para que curen posibles heridas del corazón.

Donde yacen hoy tus ojos


     Esta noche he salido a ver la procesión del encuentro, con la mala fortuna de que ha empezado a llover y al final la han suspendido, a pesar de ello y del fuerte viento, que arrancaba y arrastraba telas de algodón de azúcar, las calles estaban llenas y rebosaban devoción y alegría. La larga espera y el frío replegaba a la gente a los portales. Nosotros nos resguardamos en la iglesia de San Francisco, con la talla del Nazareno, allí estaban mi hermano y mis sobrinos.

     La gente se ha conformado con acompañar al Nazareno desde San Francisco hasta su ermita. Con mucha alegría y sin saetas ha ido al ritmo impuesto por los tambores de la banda municipal. Las llamas de las velas se arremolinaban y se apagaban rápidamente mas la algazara crecía a pesar de que el párroco se esforzaba redimir este “pecado” de alegría.

      Nosotros nos retiramos pronto. Ya en casa me he “santiguado”, no te puedes hacer una idea de cómo está. José ha cenado un vaso de cola cao con galletas y pan y yo una cerveza… sé que es poco pero sólo tú satisfaces mi necesidad de comer.

     Ahora estoy viendo Quo Vadis por enésima vez, es desquiciante esta película, el desequilibrio que atribuyen a Nerón en la película es excesivo, quizás fuese así.

     Mi amor dónde yacen hoy tus ojos, dónde se abren que no puedo verlos. Dónde están esas palabras que como algas ondulantes cubren mi mente, valiosas frases que se abren como universo dentro de mi ser. Vías férreas y paralelas que traen y llevan nuestro amor, tienen la gracia de hacer corales esmeraldas que emergen y braman como hojas de olivo que cepillan por el viento.

      Desbrozaré mi alma por las yemas de mis dedos. Me debo a tu belleza y a tu ternura capaz de mover montañas, necesito ahitar tu vacío con mi contante rumor. Sólo tú me conocerás en profundidad, sólo tú llevarás mis riendas, tú eres la dueña que lleva las llaves de este hombre.

     Mujer como túnica de raso me cubres desde los hombros hasta los pies, resbala invisible por mi cuerpo desnudo y me vistes siempre, siempre, siempre. Que misterioso es el amor que destapa toda mi sinceridad y si te veo afligida vierto con fuerza todo mi cariño en la vasta extensión de mi Princesa. Abre los ojos para que entre en la fortaleza que te recluye, quiero cuajar dulce dolor de espada fría que cruza tu corazón.

viernes, 4 de abril de 2014

Llegué a casa


     Llegué a casa, Vida mía, tan cansado que aún me tambaleo. Incluso así, como si estuviese mamao, tecleo ese amor que me gobierna mas, tanto es lo que dentro aposentas, que se escapa otro tanto del cariño que me regenta. Sí, sin más agarro esos sentimientos tuyos y los deposito finamente, como si fuesen delgada gasa de Luna creciente que se tiende cóncava como una mano sumisa sobre la línea del horizonte.

     Tropiezo con coágulos, con un sinfín de cuajarones de aguardiente dulce que me vidria los ojos y me humedece los labios, son tantos que tartamudeo sobre el teclado esa tala de amor que desmigaja y esculpe poco a poco mi corazón.

miércoles, 2 de abril de 2014

De nuevo he vencido a la noche



     De nuevo he vencido a la noche e insomne, como una flor recién nacida, he volado junto al viento para acariciar la piedra que emociona mi pecho. Después he regresado a este espacio en blanco para doblegar mis manos, tras bautizarnos el cielo y ahora que ella fraterniza con sus niños, en una íntima carta más.

     Sí, y ahora, que ya no retoña mi alma, reproduzco el irisente reflejo de un espíritu enamorado. Aun haya cansancio gris que me seque y me deshoje, cuando aquí me siento, frente a este erial en blanco, o cuando vuelo a tu lado o, simplemente, cuando sueño, bien sea de noche o de día, mi piel aflora de inmediato esos latidos en forma de yemas, y me desangro reproduciendo en miles de forma cuanto, Vida mía, te añoro.

     Me ahogo al sentir a mi alrededor todo virgen, como si fuese excepcionalmente alérgico al dulce polen que disemina singular flor, y es que, incluso en esas gotas de agua que caen por gravedad, se nimba el perfecto viso de tu sonrisa. En todo lugar, en cada invisible onda de aire y de agua, se desnuda la mirada de mi hermosa Flor quebrando el desmayo sobre el papel que ahora te escribo….

martes, 1 de abril de 2014

Arrecia el cansancio


     Concluida la jornada se acaba el día y ya, a media sombra cuando arrecia el cansancio, sólo me queda ultimar las tareas del hogar. Pondré adecuado miramiento en los quehaceres y, con un último esfuerzo, me inflamaré encarnado para servir la cena. Es una lámina más que me extraigo del tórax, una cariñosa atención para que tanto tus ojillos como los suyos, poco a poco, se entreabran, para que la arista de los sueños deje de medrar y de crear espejismos en esos cosmos que hay tras vuestras ventanas.

     Así, anaranjado y fogoso, os bañaré con vuestra misma forma de ser, con el espejo metafísico que se expele desde mi pecho. Un esfuerzo zaguero para que os elevéis sobre los muebles y por encima de la cama, como alondras hacia una dehesa de fantasías.

     Un frágil prestidigitador que os echará frazada sedosa y cálida, de angora, que os besarán la frente y se despedirá alegre, azuzando su ánimo al saberse amado. Un hálito de vida que se abstrae con la quietud del amor o se desconcierta, como rama florida ante hostil viento, si su amada se desazona en el hogar o se consume entre un sinfín de querubines, o si su niño se atribula tenuemente con los resultados del idioma.

     Pertinaz en ese laberinto de venas, sembraré la linfa de mi amada con un sinfín de letras. Que nadie husmee en el porche de tu tórax, es mío Amor mío, yo aposento ese nido; seré tu gorrión vicioso que copulará con versos el corazón de mi destino.

domingo, 30 de marzo de 2014

No hay sollozo


     Sé que en mi prosa no se halla el sollozo de la soledad sino, más bien, se deletrea lo contrario, la hilaridad de poseer gran amor. En ningún un párrafo se advierte sombra y, ni mucho menos, en las láminas hay manchas de plañir. Tan sólo se recoge la lenta e intangible voz que reverbera en mi pecho, ese temblor inapreciable de un pétalo al asperger, en erial de papel, el rocío de su regocijo.

     Es esculpir Piedra con manos, desmigajarla con prolijidad, aun sea férrea. Es hendir delicado esternón para penetrar en el apolíneo jardín de su Amapola y, así, con detención, deleitarse de la sinfonía de sus escondidos latidos.

     Veréis como se goza, incluso desde fuera, de la ilusión que hay tras sus ventanas, de la armónica inflama de tan egregios ramos. Sí, notaréis que en su mirada no hay pizca de oscuridad, que hasta quema, pues al abrir sus párpados en ella se destella un bosque ardiendo, un océano de flores en el que sólo coge la luz. Una entraña abierta, de blanca nieve, que aposenta un corazón claro que ciega y donde revolotea, como colibrí, inmarchitable lirio.

     Miradla como hechiza, como os lleva, pero dejadme que sólo sea yo quien la ame. Que sólo sea yo quien arranque de mi vida sus versos, el suave aroma que ofrezco. Asentid que sea este añil serafín el único que ofrende su vida por ella….

viernes, 28 de marzo de 2014

Me he quedado helado


     Me he quedado helado, tanto que me he tenido que echar una manta sobre los hombros. Parece que la tamborilera lluvia insiste en enfermar a las luminosas florecillas; y Eolo, ya en boca de abril, se obstina en agitar las aguas de las charcas; y se empeña en seguir con sus trece batiendo la yerba y haciendo gemir a las ramas y las hojas de los árboles.

     Mas yo, igual de aferrado que el tiempo, huello el amapóleo Corazón que atesoro en mi pecho, rastreando hasta las motas de polvo que tú, mi Vida, dejas durante las horas de sueño. Que decir cada día, sino que preso de amor espero a que se rompa esa botella y se esparzan tus sentimientos a los cuatro vientos, a que nuestros deseos sean libres como el aire…; y a que el tibio aliento de tu alma, afinado con tu latir tamboril, seduzca eternamente mi boca….