jueves, 7 de noviembre de 2013

Aguardando siempre


     Aguardando siempre sin mermar mi anhelo en alto y transparente vuelo. Deslizándome con las manos, como un pájaro que atraviesa la transparencia del espacio y escurriéndome, a través del lenguaje, por tu sesgado pecho para prender ese intenso reflector que atesora tu bellísimo cuerpo; los latidos que amo. Gritando en silencio se me desenlaza peligrosamente el alma, quiere desnuda llamarte para decirte, desde la grada azul del cielo, cuanto te añora.

      Un pétalo añil que en el aire se reúne y se revuelve con la pureza de una flor encarnada; flecha de lirio violenta por tu luz cegadora de una Amapola…. Con un deseo atroz combatiré nuestro destino, con versos sedosos que destrocen nuestra inusual situación física…, sudoroso conquistaré la alfombra que pisan tus pequeños pies, la colcha que acaricia tu nevado cuerpo y resucitaré fantasmagórico frente a tu rostro para que eternamente experimentes mis desprendidos besos, sin prisas, manifestando esta ecuación de mi corazón errante, que sólo es resoluble por mi gran Amor; mi Amapola.

martes, 5 de noviembre de 2013

Caracola colmada de una sola Mar


     Caracola colmada de una única Mar, henchida de algo que hay en ti, y no sólo es tu óptima belleza, sino es esencia similar a lo dulce del silencio. Lleno estoy de la fineza de mi amada; de la fineza más fina. Es, en sí, la pureza de tu amor de la que resulto, Mar de mi vida, totalmente enamorado. Así me tienes, tanto que logro ver tu perfil en cualquier lugar y que advierto, sin dirigir mirada alguna, como mi pecho se sacia con cada soplo…, son tus hálitos los que roban para mí los brillos que cuajan las noches…, es tu esplendor, Amada mía, la que ahíta de luz intensa mis días.

      Estar locamente enamorado de ti, afectado por la profunda herida que infliges en mi corazón; qué más da, es el deliro ser mortal sabiéndome amado. Sí, de saber que no habrá más vida para sentir tan enardecida pasión…. Si fuese inmortal sé, con total convencimiento, que pasarían eones añorando el diáfano palacio que erigiste alrededor de mi cuerpo, que vagaría buscando una flor similar y abatido de no hallarla, de ser un corazón señero, imploraría ser mortal para fenecer transmutando mi alma en el sueño eterno estar siempre contigo, con mi Amapola.

Si fuese practicante


     He echado la jornada y si fuese practicante diría que tan sólo me queda rezar. Quizás haya que volver a la devota promesa de ir caminando hasta Guadalupe, pero claro, en los tiempos que corren de nada serviría que fuese yo sólo, tendríamos que manifestarnos con humildad y en masa a la Virgen.

     Hoy iré a otros lugares, a frustrarme escuchando sus lamentos y quizás, bajo este yugo diario, surja un atisbo de luz, alguien que precise mis servicios para solucionar sus ocupaciones. Si consigo montar un curso me mataré a diario en la faena y, con severa disciplina, intentaré que sus polvorientas y arruinadas mentes se llenen de aburridas y obligatorias leyes, para que su trabajo lo puedan hacer en la absoluta legalidad.

     Mas ahora, Amor mío, sin curso y sin perspectiva de sacar a delante uno, mi alma se oprime en silencio. Sin embargo, cuando entro en casa, debo dar toda la luz posible, debo quitar todas las sombras que me abruman. Para él, mi Rey, cuando me vea no se apene.

     En fin, yo buscando por el vulgo y él, mi monarca de los Barruecos, nos sentimos ociosos, enormemente felices, porque nos adueña un gran corazón de Brozas. Porque todo ruido alarmante y todo insoportable pesar, adquiere en ti, cuando te veo así de ociosa, cuando estoy contigo o cuando te escribo una armonía floral y soleada, de enjambre, que arrulla dulce en mi pecho como una brisa entre los árboles.

No hay nube, pues tú, mi Amor, como candela de vela me ayudas a pasar los ratos… Eres la blanca mano que tira de mí a diario…. Te quiero.

domingo, 3 de noviembre de 2013

El domingo


     Bueno, ahora que estoy trabajando en casa voy a ver si logro transcribir unas palabras mágicas. El día, obviando que me falta lo más lindo, ha sido “bonito”. A primera hora nuestro pequeño, algo nervioso y vestido de negro, sacaba música de su gran instrumento dorado. Su carita se ocultaba tras la enorme boca de la tuba y su lánguido cuerpo a penas se le veía.

     Este concierto ha sido especial para él, pues sólo había dos tubas sobre el escenario, la de Miguel y la suya, así que se ha recreado interpretando las partituras. Yo, aunque apenas le veía desde las butacas, advertía con total nitidez la ilusión en sus ojillos, el fulgor de tener su instrumento entre las manos y de hacerlo sonar en su preciso momento. Sobre todo con Everybody, una canción preciosa que abarcó todos los rincones del teatro logrando silenciar al público que escuchaba muy atento y emocionado.

     Después del evento musical nos fuimos a pasear por Cánovas, donde han expuesto en unas casetas con elegancia rústica unos alimentos biológicos y otros enseres del estilo. Regalaban canapés pringados en exquisitos y suaves aceites de oliva, o untados en sobrasadas para relamerse de ibérico de bellota o en quesos adornados con especias que se adhería al paladar de tal forma que los degustaba durante horas. Además, como ya se había desvanecido la niebla y había cesado nuestro eclipsante abrazo, restaba una mañana ideal, cálida y despajada, con el cielo añil, muy intenso, y sin lasca de hálito frío que penetrara hasta los huesos. Creo que en el aire aún quedaban resquicios de nuestro fervor, pues la gente cogidos de las manos o abrazados paseaba pletórica.

     Más tarde, a la hora de comer, nos fuimos al restaurante del Vostell, necesitaba sosegarme pues es tan virulento tu ardor que me burbujean las lágrimas en los ojos. Allá, entre aromas de membrillos, sin jaula y, por tanto, libre en el jardín del lavadero, me cautivé con nuestro chiquitín, uno frente al otro durante toda la tarde. Sonreíamos de tal forma que hasta el viento arreciaba en cálido soplo alrededor de nuestro cuerpo, queriéndonos sorber todo el entrañable amor que nos une. A veces la brisa empapada de ternura se retiraba de rama en rama, como aurora misteriosa hacia el cielo, sabiéndose amada por que había estado con dos enamorados.

     Incluso una orquesta de diminutos trinos se posó alrededor, en los árboles y en los tejados, eran corazones solitarios que advertidos por el aroma de la brisa se acercaban curiosos, posándose en las hojillas…. Les abrimos durante un instante nuestra honda mirada y se alzaron felices, con latidos de niños, hasta que los rayos de sol se filtraron por sus cuerpos. Aleteaban dichosos por el patio, como seducidos por la mágica y primaveral miel de una Amapola y lirio….

     Las yemas de mis dedos acaricia, mi Amor, tus pétalos de flor para que en dulces sueños caiga rendida en mí.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Eclipse


     Los veo como se arrojan a sus quehaceres, como consumen su sudor materializando las plegarias y como disfrutan o se relajan con el corto asueto que les permite el fin de semana. Corren, igual que yo, tan inmersos en los ruidos mundanos que a lo largo del día agotan sus cuerpos. Pero ahí, entre ellos, entre sus ojos perdidos y por todos los rincones, siento como destacan un par de luceros colmados de corazón de Mar, que me observan con tanta virulencia que llego a palpar los indicios de su gran profundidad. Sé que tu fidelidad es grande y por ello espero inmerso en gritos silenciosos. Mi Amor, no se consume tu amor, está tan arraigado en mí pecho que se alza bizarro y bello, como árbol engalanado de manto primaveral.


     Dicen que la belleza pasa pronto, mas yo me estimo audaz, con fuerzas suficientes y sobrado optimismo, capaz de mantener emperejilado tu latiente corazón de Mujer. Aspergeré gotas al viento, proveeré el aire con mi voz, aun estés lejos, mi Amor. Timidez y docilidad al hablar y al amar, que se alzará ingrávida, como ese polen que culmina hasta la cimas de las montañas. Diáfana e inmensurable forma de ser que fulge, o al menos lo intenta, como hialina lámpara de cuarzo.

     Esta noche te nombraré despacio, hasta quedarme dormido, y mañana me encomiendo en tus brazos, son nuestros intensos deseos, irradiando sobre los tejados nos eclipsaremos juntos, mi Amor.

Aquí estoy



     Aquí estoy, de vuelta al hogar, alborozado de lo rústico y también algo mustio de cosechar membrillos, olivas y granados y alguno que otro higo, ahora demasiado maduro. Ya en noviembre, en estas noches tan largas, me guarezco famélico en tus brazos floricultores, pues dime, Amor, qué hay mejor que dormir en el jardín que cultivas en tus entrañas. Es sobre esa madre de setas, tan orgánica y cálida, donde deseo convivir y convertir mi vida en cariñoso artículo.

     Siento, Mujer, todos tus besos, son tan intensos como ese reciente par que nos dimos en la mejilla cuando ibas al colegio. Los acarrea el aire, que llega dócil desde el horizonte de la sierra de San Pedro, sobre las copas que oscurecen la dehesa y entre las torres de la Sardina y de Hijadillas, torreones árabes que sucumben con peso de las cigüeñas. Los inhalo con tanto gozo que rápidamente se difunden por mi organismo, procurándome el reconfortante júbilo que ahíta hasta la más oculta de las vacuolas de mis células.

     Que he de hacer para deshacer la fatiga de tu corazón, para que estés tranquila y entiendas que esta ternura transcrita siempre estará ahí y nunca te lastimará. No hay ni habrá tristeza en mi corazón pues sé muy bien que me amas y que obras con la fortaleza de una Gran Mujer bajo cualquier circunstancia, ataviando el hogar y escuchado con sensibilidad a tu familia, sin la más mínima queja, y que, además, sin desaliento te entregas a tus otros niños, aun te lastimen, aplacando sus ansiedades y resolviéndoles las dudas.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Hoy


    Hoy, Vida mía, voy a ir a esos rincones tan nuestros. A esa roca cubierta con manto de musgo donde aconteció, de tus labios, nuestro segundo gran deliro, en el que durante horas se me olvidó todo el pantanoso día a día. A ese sitio mágico en el que me inmovilizaste para siempre en la estampa que de vez en cuando me envías.

     También iré a ese singular jardín del Vostell que jamás olvidaré, donde dilataste mi deseo con tanta pasión que hasta mi corazón segregó linfa blanca. A se parterre confinado tras arcos de ladrillos de medio punto y cubierto de una espesura verde primaveral que alcanzaba nuestra cintura. Lugar en el cual, entregándonos sin pudor al amor, se abrió nuestro manantial sudorífico, tal era el ardor que tu nuca emanaba Mar Salina que yo libaba como néctar necesario para mi vida. Doncella mía, al caer la noche, de esas murallas de lavadero lanas de ensueño, te tuve que rescatar.

     Por supuesto, merendaré entre los aromas clorofílicos del Salor, en esa ribera pastoril de terneras y ovejas, a la vera del río; lugar donde, como espejismos, veo el portal de nuestro hogar. Invertiría allí mi vida, Amor mío, desvelándote todas las madrugadas con el aroma de nuestro pan recién hecho, con el aceite de nuestras olivas, con el zumo de los limoneros y los naranjos y, como si la vida me fuese en ellos, amanecer para mi Sol con el calor de un beso desprendido directamente de mi corazón. Tan claro te siento que me veo andando a tu paso, tras dejar las tareas de tus niños, caminando por la dehesa hasta llegar al dolmen, jugando inocentemente con el usufructo que me donas de tu Gran Corazón.

     A ese lecho esquiando en medio de mi corazón y sacado como miga del meollo de tu Pecho, del centro de tu Corazón, iré hoy, mi Niña. Sí, allá a la orilla del río, a nuestro patio perdido en el fondo de nuestro cuerpo y la tumba antropomorfa donde eterno yace nuestro segundo beso. Saldré a impregnarme de los olores de hierba húmeda, a diluirme entre los croares de las ranas y a desleírme entre los aromas del calor de tu amor…. Un hombre cargado con ramos de hermosos besos esperará paciente a que llegue la brisa de la Mar de mi Amapola, para descargar todo su puro y fresco aroma. Un cuerpo de barro que esperará eterno a que su señero Amor le esculpa la vida….