domingo, 20 de enero de 2013

Ya estoy aquí


     Ya estoy aquí mirando, a través de la noche, por encima del mármol del teclado. Termina el día y con ganas cierro los ojos, cubro mi piel e incluso me tapo los oídos y la nariz; tan sólo deseo sentir a la dueña que posee mis adentros, la pasión que me entrega y me obnubila el pensamiento, la tierna calidez que sembrada emerge desde mi interior y me empapa en sudor.
     Desearía que todo fuese más rápido, incluso más brusco, que cuando sucumbiese en el crepúsculo no sólo sintiese tu alma sino también notase tu terso roce, o tu juguetona lengua se arremolina locamente por cada hueco de mi boca, o tu carne desenfrenada abrazándome como indispensable dermis. Desearía, mi Amor, que la viva luz de tu mirada aniquilara mi sueño, mi oscuro silencio y que todo, sobre lecho de hojas húmedas, germinase en sensuales burbujas, retozando a besos, con lisonjeo sensuales y así, juntos, pasáramos la noche amándonos, Vida mía.

jueves, 17 de enero de 2013

Gracias a mi oficio natal puse el cristal


     Gracias a mi oficio natal puse el cristal, ajusté rendijas, moví cerraduras y por debajo del coche casi de noche situé una ventana para mirar hacia fuera y no pasar frío.
    Mis trajines congénitos y el afán que desde niño tiró de mí, vistieron mi vida o quizás, como relámpago que cae en la noche, entró por los laberintos de mi sien, iluminando este humilde templo, y quemó todo vestigio de castillos, de chozos, de animales y en sí, de osadas aventuras.
     Antes, en cada rincón que pisaba, era niño que soñaba con caballos alados, … sin saber que supone ser poeta era una miaja poeta o acaso, jugando era más juglar que ahora. En el dormitorio, en la torre que representaba el mueble del salón, en la formidable ciudad que vislumbraba en el suelo del salón o en cualquier lugar…, sin rellenar hoja alguna, ahitaba de sueños mi insaciable pecho bisoño.
     Pero poco a poco la mar se fue quedando sin cíclopes, los bultos sombríos de la noche se mudaron al hado del día y los muebles de casa dejaron de refugiar a los soldaditos de plomos. Incluso el arrogante alcohol entró en la noche y resbalando por la superficie de las neuronas, produjo insomnio y marchitó absurdamente al niño.
     Mas ahora, con el corazón cautivo por vertiginosos sentimientos, percibo la existencia del ambicioso niño, que aún más exaltado entra en el fragor de tu inmenso Océano. Intrépido, cada noche separo las sábanas y navego valiente y afortunado a zambullirme en tu sueño.
     Grito, como todas las noches, tras las paredes de este cuerpo y mi latido de niño, mis sueños, en vigilia y ebrio de cariño se propagan tras los muros para anegar de amor los pretiles de tu infinito pecho. Mi niña, mi Bailarina de plomo, vuelo a tu lado con caballo alado y con las brasas de insaciables besos me fundo Contigo en un único e inmarcesible Corazón.

martes, 15 de enero de 2013

Cómo poner texto legible sobre una imagen


Cómo poner texto legible sobre una imagen.

     En primer lugar pensar, hacerlo inteligible, de manera que lo que escriba no quede a oscuras, vacío y sin sentido. O sea, que sea bella retórica que resalte sobre el pálido papel para que nuestros corazones aunados palpiten al unísono.

     Una vez esbozado el símil o metáfora en la amplia dimensión de nuestro corazón llega el turno de la mente; el razonamiento. Ahora hay que usar bellos axiomas y con una clara inclinación o lunática vehemencia declararte, como si me faltase el tiempo para demostrar algo tan evidente o como si en ello me fuese la vida, como es mi Amor por ti, preciosa Mujer mía.

     No, no he de compararte con una estrella ni con el Sol, sino he de profundizar más en mi humilde corazón y, sinceramente, decir que es gracias a su intensa Llama por la cual esa Estrella, mía, luce única, refulge bella y hace álgida mi vida.

     Tampoco he de relacionarte con una vulgar flor ni con una simple amapola, sino como El Principito describe o tal como me aclara perfectamente mi Mujer, decir que eres el singular Perfume que resalta y reina en el mundo de los olores y que sólo tú, entre las comunes flores, presides como deidad cromática y aromática, Amapola mía.

     Compararte o relacionarte imposible me es entre piedras finas, pues mi hermosa Emperatriz es la más lustrada en la mina de diamantes. Tan magnificente es su esplendor que reitero, destaca mi bella Emperatriz en esa república de simples estrellas.

     Sinceramente, pletórico en la vida y si tuviese que dar las gracias a un ser divino, estaría eternamente obligado a dárselas. Colmado de júbilo por amar a mi Amor y de saber que tú me correspondes con mellizo cariño. Preside mi corazón el Oráculo que desveló la luz de mis días, que traslució cual es la verdadera beldad.

     Estos signos puntuales, son las flechas de Cupido que hieren mi corazón. No hay estrella alguna, ni flor ni siquiera brillante gema, sino sólo una y es la más bella y hermosa, el Oráculo que impera con amor mi corazón; seré el lucero que te orbita y fulgiré intensa retórica para que siempre camines con densa y brillante sonrisa.

viernes, 11 de enero de 2013

Es fácil entablar una conversación



     ¿Es fácil entablar una conversación?, seguro que todo el mundo dice que sí y yo, sin pensar, también lo sostendría. En cambio admito que mi boca, aunque a veces me asombre de lo que platica, cuando llega la hora de abrirse está hueca o descargada, como si fuese una recámara: por un lado la canana o mi intrínseco mudo (espejo con los reflejos de mi Niña y mi Niño) y a lo postrero el inmenso cuadro donde cuido minuciosamente el estallido de color de mis expresiones. Asombroso, la boca vacía, lista para juntarla con tus labios y embeber, si la asaltas con tu lengua, tu delicada saliva.

     Aunque en un extremo esté el cuadro de mi Vida y mi boca esté lista pero vacía, la percibo como paleta de color y pincel. Una nube de algodón, mis cuerdas vocales, tras el añil del cielo de mi boca o en las profundidades de mi paladar, unta los colores racionales de mi mente o intensos del corazón, los mezcla con escrúpulo y los perfila intentando, sin alzar la voz, encrestar la cúspide de mi Amor. El destino prender las inagotables y entrañables estrellas de tus ojos, colmar la verde e intensa copa de dulces y tiernos frutos rezumando saliva de mi tuétano, deshacer las rocas, desleír las máculas y henchir el seno de su Mar con Corales indescriptibles.

     Sílabas que se yerguen verticales, chuponando de mi pecho aria pasión y risa para, humilde y silencioso, bogar como pececillo en las cálidas aguas de tu inmensa Vida. Trino de dulce amor para tu oído, níveo y juguetón como la brisa, que nadie huele y sólo a ti, mi Niña, te perfuma.

     Palabras huérfanas, sin camino ni sentido, sino asiesen la mano de la Madre que es mi sino. Párrafos que sueñan en ser butaca para que reposen y divaguen felices los pájaros que rondan tu sien, estrofas que anhelan ser porche para que cobijen el frágil y sesgado pecho que contiene tu corazón, rimas que desean ser búcaro repleto de florecillas para inundar tus ventanas con verdaderas maravillas… Qué deben ser mis palabras sino el temblor que esparce mi corazón, el eco que envuelve a mi preciosa Mujer, un edén para las pisadas de sus pies, verbos para que colmen el vacío de todos los solitarios huecos, reverberación cromática que sólo alumbre el sendero de sus pasos.

     Enmarcaré, mi Amor, este reflejo que emite mi pecho. Que no es sino el hermoso retrato que emana de tu boca, Amor mío. Así brillas tú, mi Vida, en mi cuerpo, en mi tiempo, en el espacio donde divago, donde ya no me hallo perdido pues persigo una luz preciosa, prodigiosa… para mi divina tal Sol que me da la vida.

miércoles, 9 de enero de 2013

Yacer en tu luz



     ¿Yacer en lo oscuro, con los parpados abatidos y caídos hacia el terrible fin de nuestro particular mundo, con las manos sumergidas en lo insomne y semiatadas en ese espacio abisal sin la más mínima brisa de cielo? ¿Qué puedo hacer? Maquinar una obra enorme, descubrir el techo añil que surge del péndulo de ambos corazones, desgranar los abalorios de todas las coronas, recolectarlos sólo para ti y dejar resplandeciente y áurica la diadema que merece mi endiosada Reina; de bronce resplandeciente para la ungida, sacra y fina sien, para mi Bellísima Niña.

     Ayer rocé ambas mejillas y nuevamente sentía crujir el hielo de la cima, desde donde surge el alba de mi pecho, mana suavemente y trasluce en espejo taumatúrgico la faz y las manos que me llevan al mágico y apacible Mar de mi vida. El chasquido salía de ti, chispas de amor sedoso que como ondas tremolantes estremecen todo mi cuerpo. Lívida quedaba mi piel en comparación al rosado matiz que tomaban mis pómulos.

     La sangre a borbotones se agolpaba y saltaba, como pez en estanque, entre los capilares de mi mejilla. Sentía tu electrizante cosquilleo, el destello cegador y sólido que derrite mi génesis dormida. Sólo tú, Amor mío, tu piel, el cuerpo bajo tu blusa, el firmamento de tus ojos e incluso el fulgor al que saben tus besos; sólo tú, AMOR MÍO, sólo tú brillas así.

     Remolinos de cascabeles colman mi espacio y quedo o vivo atónito con este nacer matinal. Ya no hay ocaso en mi Tierra y el cielo que a su antojo era añil, plomizo o fantasmagórico. Ahora, la fisura tras tu dulce boca, lo revela lucido, nido de mis latidos, cántico para mis oídos o lluvia de lágrimas que mana sin cesar. Comprendes la vasta herida que ocasionas a mi corazón, tú, mi bello ramo de Amapolas, habitas y duermes en él, volando como golondrina y dispersando en arcoíris la luz que cubre mi toda mi vida.

Muñeca de Trapo



     Sé cuando en mí empezó a crecer, cuando derramó su vida frente a mis ojos y así, diseminando su magnífica belleza, mi mundo comenzó a florecer. Sé, con certeza, cuando impregnó mi piel con sus sueños, cuando me arrimó su tierna sonrisa y, con la promesa de sus labios, cuando selló su hado con mi albedrío. 

     Sólo en ella quiero entretejer mis recuerdos, ansioso pretendo transgredir en sus ojos mi corazón desbocado. Mas ella, depositada ahí en su baúl, deshilacha su cuerpo, su sesgado pecho y su alma, su corazón sin suficientes átomos de aire late con ahogo; oprimiré tu caja torácica con minuciosos versos para que nunca cese tu latido.

     Si desde aquí tengo que mover dunas así lo haré, exhalando hasta el último hálito de mis sentimientos, poblaré tu mente con un sinfín de oasis, requiebros que conformen en tu desierto mil y una noches de ensueño. Tenderé un viaducto que vincule nuestras sonrisas, que junte los colores de las pupilas y que diluya el aroma de nuestra piel; no habrá signos de abismos ni siquiera en la lágrima más pequeña. 

     La dulce y cálida linfa de tu cuerpo despereza e hincha mi seco odre. Como planeta único repleto de maravillosa vida encarnas locura sobre mis huesos. Seré cometa orbitando siempre alrededor de tu espíritu, extenderé mi estela para que se abrace perenne a tu mundo, hasta desmenuzarme en reluciente anillo. 

     Amarrada a mi pecho convulsionaré tu corazón, hurtando hasta el último aliento de mis células para nutrir de gozo tu tersa piel, tu sensual sonrisa y ancestral penetraré en tu alma, para sembrar a diario infinitas flores de hermosos colores. 

     Aquí estoy, con los ojos cerrados, recorriendo libre el mágico laberinto de tu mente, sin leyes ni señales que coagulen mi fluir. Sí, con gesto cálido, bogando y disfrutando de tu pulida entraña, sin pasos de cebra ni semáforos, sino con amplias dehesas, níveos oteros e infinitos piélagos. 

     Aquí reverberando, sin agudizar el oído, el mágico sonido que me impele tu corazón. Un susurro de hojas aciculadas, el bramar de abrazos oceánicos y la orquesta de millares piares. Me estimulas con tanta felicidad que el llanto abisal que nace en mis ojos, cae adherido por mis huesos y hace trepidar mi carne con escalofrío de puro Amor. Tu lo suscitas Mujer mía.

     Y en sueños, aureola que fecunda mis noches, luz apacible y familiar que desvanece mis sobras. La turbidez de la pesadilla se difuminó por siempre. Ahora, a todas horas, abarloa en mí fragancia, entrañable calor, perfilado contorno, celestial voz y delicada caricia de Mujer sublime.

     Suspiro sin respirar, sollozo sin derramar lágrima y hablo incesantemente con mis yemas sin llegar a articular palabra por mi boca. Necesito que me envuelvan en las cortinas de tus sentimientos, sumergir mi faz en tu corta melena e inhalar, mi Niña, cada atisbo de sentimiento que emerja de tus neuronas.

     Me aferro ante la vitrina de esta pantalla bordando palabras para hacerte feliz. Ya no sé si los relojes miden el tiempo, pues el péndulo de mis días son las palabras que siembro en tu vida; tantos abalorios compartimos que las raíces que enmarañan nuestras almas son irrompibles, inverosímiles y maravillosas.

viernes, 4 de enero de 2013

Despertar como una losa



     La próxima noche, que te acuestes en la habitación que da a la terraza, yo voy a despertar como una losa. Así ha de ser, la escarcha del alba echará raíces, aposentará mis párpados, mis fosas nasales, sesgará mis labios, como un muerdo de cristales rotos, e incluso cuarteará mi pleura como cuero de odre seco. Cuando me levante para ir al servicio, también cruzaré la terraza aunque no esté en mi camino y así el frío níveo aterciopelará mi piel y además, Vida mía, iré descalzo para amoratar mis pies hasta que llegue el amanecer.

     En sueños te mantengo entre los tremolantes palios de luz y a diario en invierno, como pájaro en busca de su alimento, vuelo a la puerta de tu trabajo. Si tú, Amor mío, duermes en navidad como seroja otoñal que se enfría y se consume húmeda bajo la colcha del suelo, yo, Princesa mía, voluntarioso y enamorado, seré zapato cristalino que se escarche al vestir tus pies y se funda besándolos en silencio, abrazándolos como hielo diamantino.

     Cada frase tuya es ascua de carbón que dentro de mi sien se libera en silencio, abatiendo sombras e iluminando cada rincón de mi oscuro pecho. Queda aquí, sí, en mí, tu cuerpo estanque, la salada fuente de mi Vida, tu indeleble huella dactilar sobre mi marmoleo hielo. Abnegado mi corazón, se doblega con cada chasquido que llega por viento, cuchillos afilados de labios rosados y carnosos, se blanden enérgicamente por tu gutural campanilla. Una puñalada de Cupido, de vidriosos y maquillados ojos castaños que fulguran intensamente sobre rostro de Sol. ¡Oh! Me pierdo en la maleza del correo, en el bramar del teléfono o en la paz de asir tu mano; un itinerario muy claro, herido al sentir tu flecha me abandono apresurado al laberinto de tu Vida. Bien lo sabes mi Niña, que tan enamorado estoy de ti que ya no tengo otra salida.