domingo, 29 de junio de 2014

Cuéntame


     Cuéntame, Vida mía, como se suceden tus días. Dime qué te pasa desde que el alba se alza lozana hasta que exhausta se echa a descansar. 

     Amor mío, estallaría alegre como pólvora de feria si me infiltrases una blanca hoja repleta de ti o si, tan sólo, comprendiera unos rápidos e imprevistos apliques que, al rasgar el silencio, desenmarañasen por un instante las caricias de tus manos, el templado roce de tu mejilla o la fascinante conciencia que se esclarece al sentir tus melosas pupilas clavadas en mí. 

     Ven a mí, cara a cara, y lléname el vacío que a diario te reservo. Reséñame, aun sea de forma apresurada y confusa, cada vicisitud; bien la esplendorosa nueva de la graduación, o las simples anécdotas sucedieron en el viaje o el dislate que sobreviene al azar día tras día. Sí, ahonda en mí esa sofocante proeza que fue sueño e incluso a veces agobiante calvario y ya es realidad consumada, ya es en ella misma un incuestionable placer. 

     Nárrame hasta el fugitivo instante de un suspiro, de un tic nervioso pues, aún parezca que no es nada, para mí es puro, es secreto bondadoso y fraternal que asilo tranquilo. 

     Un placer de 
arbitrarias 
olas e imprecisos salpiques, una ingenua distracción que, aun pase inadvertida por ti, yo sabiamente la haré mía; son pues los dulces gajos de tu humana vida. Así es, mi Niña, si en mí cosecho cada racimo tuyo, y si bien lo transformo en dulce pasa o lo fermento en tinto frío de amor a mi Mujer, será pepita inconcebible que siempre descollará bella en mi íntimo mundo, en mi conciencia. Será, aún no lo recuerdes, la recopilación de indicios de los cuales locamente me enamoré…. 

Es el simple resultado de tus palabras, de tus ademanes o tu hechicera forma de ser;

es el álgido punto de un roce, la cúspide de un beso o súmmum de hacer el amor…; 

un edén en el mismísimo corazón de mi pecho,

el inabarcable reino de mi Mujer….

sábado, 28 de junio de 2014

Ya es hora de dormir


     Supongo que ya es hora de dormir, hora de que mi errabunda razón deje de mediar entre la ruidosa materialidad y giróvaga, por el éter de fantasía, se reconcilie con la quietud del sueño.

     He de desbaratar el devorador azote de la preocupación y mitigar el nerviosismo que durante el día haciné tras la piel y así, desnudo y sin arraigo alguno, me alzaré señero por inefable paraíso para sobrevolar el plateado herbaje de su tez.

     Ahí, mi párvula e inextinguible memoria se diseminará en tiernas palabras, a veces se calcará otoñal y otras se reproducirá desaliñada en su alba y aromática fronda. Desprotegeré siempre mi corazón para idolatrar con cortos relatos la alma embotellada que me comprometí a amar y que ahora contrita, entre llantos de hilaridad y entre desconsuelos de remordimiento, se desvive feliz por conservar la luz en su hogar.

jueves, 26 de junio de 2014

Sutil beso


     No es porque tuviese que celebrar algo sino es para que José, cuando saliese a la noche del ensayo, no anduviese a solas por las calles. Así que sin más remedio, y a pesar del reparo que me da, tuve que mendigar de nuevo un favor.

     Como sabes todas las tardes las tengo ocupadas, unas veces estoy en D. Benito y otras en Badajoz. Él también tiene su agenda bien apiñada de quehaceres, está ensayando una pila de partituras para el concierto del próximo domingo.

     Decidí llamar a Paco y enseguida, casi sin abrir la boca, se brindó a ayudarme; mas otro contratiempo surgió y es que ellos no están libres hasta las tres. Así que para no ser una carga me ofrecí a hacer la comida para los tres: Ana, José y yo; y más tarde comerían sus padres.

     Claro está, como iba a servir una mesa deslucida a una dama. Así que sin más preámbulo me puse a idear algo adecuado a su clase. Con trasparente calidad marche al supermercado a recoger ciruelas, manzanas melocotones, y kiwis, y también de jamón cocido, todo para el primer plato y para el segundo almejas, limón, huevos, plátanos y levadura panadera, no la levadura química sino el auténtico fermento de hongos microscópicos.

     Esta mañana, más que entreabrir los ojos, abrí las bolsas, saqué las cosas y me puse a cocer y freír y a mondar fruta. La mano diestra de mi excelente Gourmet, a través de mis dedos, asió la cuchara y frente a una primera fuente, se puso a aderezar un primero de arroz blanco y de fruta, serena y agridulce ensalada salpiconada ligeramente con pimentón dulce.

     De segundo unos medallones muy dorados de merluza. Hice una masa fina con huevo, caldo de almejas, azafrán y harina y espolvoree la mágica levadura. Aguardé a que la deliciosa crema se comenzara a entreabrir en fermentos y en ese misterioso momento adobé los medallones y los freí en abundante aceite. Además emperejilé el plato con unos plátanos fritos y unas hojuelas verdes que causaron regocijo al semejarse a gordos gusanos comiendo verdes tréboles de suerte.

     Uno delirio para la boca, unos gérmenes de sal y de azúcar que mutaron en el paladar fecundando un sentir difícil de comprender. Exquisiteces que vibraron como música irritando ríos de saliva por las glándulas de nuestros encarnados cielos. No sé si introduje alimento o fue mero tragaluz en cada humilde bocado, lo que sí adiviné es que mi oblicua lengua relamió los labios hasta pulir la piel por donde aflora este loco lenguaje.

      Un armónico gesto en fuente de porcelana que se transmutó en ánima agridulce, en revuelo aromático… en contraste frío y doméstico, en el sutil beso de sabor que dedico a quien lo deguste.

miércoles, 25 de junio de 2014

Diría


     Diría, de forma acertada, -pongamos manos a la masa-. Es la expresión más oportuna para esta tarde que, anudándome un mandil, batallo con la paleta de dorar. Un gourmet tímido y dulce que se deslíe a punto de nieve en su plato. Un meloso sibarita que sabiéndose amado adereza atenta poesía tanto en la cocina, como caminando entre encinas o, simplemente, en la oficina, sentado frente a su virtual vitrina.

     Salteo en la sartén un latido minuciosamente elegido, lo rehogo un poco, en óleo de oliva y sólo para ella. No es por dar posterior dentellada ni por sacudir un próximo mordisco, sino sencillamente es por asestar acertada saeta que escinda su tierno pecho y así recibir en su entraña el buen aderezo de humilde poeta.

     Escucha, Amor, como aliño el exquisito manjar con el que he de seducir las papilas de tu íntimo paladar. Hoy de nuevo se iluminará el firmamento de mi Estrella, no la bóveda plomiza que descarga relámpagos, sino ese cielo edénico y encarnado que oculta un nombre que se deshace entre flechas, dardos que sólo irritan esas desconocidas glándulas de su corazón.

martes, 24 de junio de 2014

La tarde se emplazó plomiza


     La tarde se emplazó plomiza y lluviosa y apenas al entrar la noche, y aunque el cielo se enmendara opaco e impenetrable, se alzó entre las encinas un aroma ligero que invadió cada guarida del prado.

     El perfume de la intemperie, el fresco hálito de la empapada hoja de eucalipto, el untuoso y acaramelado soplo de la jara en flor y el pasto seco y aguado, ese forraje pobre y húmedo que exhala un último estertor de suave almíbar al fenecer quebrado en el suelo o en el estómago de un carnero….

     Su espíritu incorpóreo e invisible me sedujo en la carretea, en el coche y con la ventanilla abierta. Adonde nadie me puede examinar y en donde tan sólo me resta escribir y reescribir poesía en cada madriguera de mi mente. Asiendo firme el volante sentí unos estambres de azafrán y el violento viento de su aliento,… dentelleaba verde cada beso esmeralda que depositó en mis labios.

domingo, 22 de junio de 2014

Un último hálito en la caldera del cielo


     Un último hálito en la caldera del cielo, la semana concluye con ardiente brisa y desemboca sedienta flameando el preludio de otro crepúsculo más.

     Transcribo con hierba quemada, con una hebra fina de grafito, con una hilacha escogida entre la coagulada y seca fronda estival.

     Se enturbia la mirada externa mas penetra suficiente candela de alcohol en la intimidad de mi pecho. Nada puede ceder, todo se alborota en mí y asciende ligero, como un chubasco de nubes blancas, desde mi corazón hasta mi razón.

     Prosigue intensa en medio de mi cuerpo, un único e inextinguible rescoldo, una brasa diamantina que circunda lo trivial, que obvia lo inconsciente y se aísla en reflejos de cariño. Poderosa chispa que modela carnívoro beso y que, sin abandonar en un solo instante mí íntimo centro, talla versos y más versos sólo para su Amor….

Escritorio


     Ahora, que apago el foco de mi despacho y prendo la lámpara que alumbra el pupitre de mi cuerpo, me pongo a transcribir hasta el más ridículo borboteo que estremece mi cuerpo.

     Me reclino sobre mí mismo y, sin malograr ni un mísero santiamén, voy anotando todo el azogue que azota mi corazón. No desperdicio ni el ripio de leves latidos si no me lucro de todo lo que me conmueve. Así, desde la efímera euforia, ora sea una fortuita tiritera ora un inconsciente escalofrío; hasta el ímpetu volcánico, bien sea el calcinante azote de la vasta orfandad bien una desternillante sacudida de carcajadas. Todo me es áurico, todo es tesoro que adoro; aun reste sin uñas de escribir en soledad….

     A diario y únicamente para Ti, desplegaré un anchuroso cobertor de color y lo recargaré con desesperados sentimientos caligrafiados. Tan vasto será que, aun revueles sobre él, jamás divisarás sus orillados ribetes y tan copiosamente novelado que, ese bellísimo Escritorio de blanca e inmaculados senos, el que idolatro alocado y en el que siempre que me reclino es como si lo sedujese por primera vez, se desbordará en albricias y enamoramientos.

     Como un alfiler de acupuntura me infiltraré bajo su tersa piel, nutriéndome de su deliciosa dermis y estimulando una hilaridad que en forma de sudor vítreo dimanará rutilante a través de sus poros. Desmembraré cada hebra de luz que ahonde su iris, la segmentaré en un espectro de colores desconocidos, en una pira de estrellados ensueños que cuajará integra en la bóveda de su razón.

     Anidaré en su caja torácica, adonde asila su convulso y gran corazón. Entrevetaré su carne con unto fino y claro, con un trazo ralo y perfumado que ingresará como hila de nata azucarada entre su musculoso tejido. Palpitará delirante, como el de una adolescente drogada de versos, e incluso llegarás a llorar por no logar compensar el bárbaro amor que le brinda su delirante lirio.

     Sé que soportarás bien este meloso apolillar que horada tu corazón, sé que aguantará bien el inagotable manantial de mi hontanar, sé que incluso rehuirás de mirar mi correo pues cada vez que lo descubras se te abrirá una fuente llorera que pulimentará tu mejilla. Más no serás capaz resistir el deseo y lo avizorarás como albor necesario que cada mañana se alza lejano dando todo de sí,… laureándote con humilde amor.