miércoles, 30 de octubre de 2013

Voy a reconcentrar todas mis arterias en tu sana piel


     Voy a reconcentrar todas mis arterias sobre tu sana piel para enterrar todo lo menesteroso y así, escudriñando tu Pétreo perfil, hendir de nuevo el esternón para llegar a tocar tu inasible corazón. Ahí, sobre tu encarnado tegumento, voy a tatuar una urbe de avenidas únicas, hasta fundar una metrópolis babilónica. Repleta de enredaderas aromáticas de jazmín y de flores dulces de anís y de menta. Donde trinen orquestales bandadas de incontables alondras y ruiseñores y donde el agua se precipite libre y diamantina, lavando todos los pesares.

     Amada mía, ahí, en ese rinconcito donde me guareces, tapiaré un pequeño parque de paz. Un bosquecillo de castaños centenarios que varíe de tono según la estación del año, desde la alegría que da el verde intenso hasta la nostalgia de la hojarasca otoñal. El centro del jardín lo culminará nuestro hogar, sobre una encina milenaria de viso perenne, entre sus recias ramas. Nuestra casita, Amor de mi vida, tendrá unos acogedores aposentos donde no se duerma sino sólo se sueñe, con un cálido y luminoso salón y, cómo no, con una mesa de castaño tallada con la paciencia de nuestras manos y ataviada frugalmente con bayas del bosque; para exprimir su zumo, su esencia, en tus labios. El mosto de la zarza mora, al sangre de la grosella roja, el licor del ebrio madroño….

     Siempre, en una de sus ramas colgará mi columpio lírico, con el cual te haré volar. Con cada empellón de amor te alzaré al cielo, donde te revolverás embelesada entre cierzo único. Mi Niña, exprimiré hasta la última gota de sangre de la baya que mi pecho, para tintará el columpio que mece tu vida, soñarás entre esos aposentos pues seré avariento en cultivar a tu alrededor una huerta de rosas, de romero y eneldo. Sí, mi Amada, directamente del joyero de mi pecho y a través mis yemas maduras y agrietadas, sacaré el rubí de brillo inmutante con el que me ahítas y, como punta flecha que mereces, lo lanzaré con la ilusión de un adolescente enamorado a la metrópolis babilónica de tu gran corazón….

martes, 29 de octubre de 2013

Al fin la noche



     Al fin la noche, en quietud a tu lado. Es preciso que me eche aquí, Vida mía, y que ceda el poder a mi corazón, pues mi razón no tiene capacidad de mediar tantos sentimientos. Es tesoro que acaudalo en mi pecho, una riqueza de valor incalculable, sobrecogedoras emociones y dulces recuerdos de amor que si me lo hurtan me infringen herida de tal gravedad que la misma vida se queda sin sentido..., se me va.


     Así, estando vivo, irremediablemente ambiciono más amor. Enriquéceme con esa sincera cuantía que me entregas por correo, haz que sea soportable esta codicia de apreciar tu voz o este deseo de poseer, aún tenga un precio inasumible y lo alcance de tarde en tarde, el cálido roce de tus mejillas, un diamantino beso de mi Amor, la concesión de esa alhaja tuya, de tu dulce saliva….

     Si mi sinceridad se agota, mi Niña, y me extingo como una vela sin cera e incluso fenezco pálido y frío. Tú, mi Amor, tienes el fármaco mágico, la droga que reanima mi vida. Tan sólo tienes que invadirme una noche con esa lencería sedosa y oscura que salpica tu blanca y aterciopelada piel. Con sólo darte una vuelta frente a mis ojos, como esa noche de navidad que abriste el abrigo. O con sólo arrimar las yemas de mis dedos, o la punta de mi lengua para que se apoyen imperceptible, estremeciéndote con cosquillas, como alas de mariposa, en esas curvas de locura engalanadas con la lencería roja que te regalé…; así Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, regresaría del trauma de la pena más, mucho más intenso que el propio Sol.

Me es vital amarte, Amor mío.

lunes, 28 de octubre de 2013

Ayer tarde


     Ya es de noche y he terminado de recoger la mesa. Ahora me quiero crecer sobre los dedos con la razón y el corazón. Lo preciso hacer y sé, además, que tú lo necesitas. Lo haré con la diversidad de esta tarde, con la amplitud de los Barruecos, con esta sexualidad tan exuberante de la tierra, de musgo y las setas entre los domos, del agradable aroma otoñal.

     Es puro equilibrio lo que hay aquí, una caridad absoluta para el alma. Tan inmaculado es este ambiente que la ventana de los ojos, aunque se desenfoquen en vano, sin baraustar la mirada, se inundan de una integridad espiritual, estética e incluso intelectual, una emoción seráfica, de calidad amante.

     Sí, mi Amor, este realismo disuelve todos los pesares. Cala el cuerpo a través de los poros y se amolda de forma terapéutica a cada órgano. Mujer mía, es tal el placer de este paisaje que estas sutiles analogías se quedan ridículas en comparación con el legible poema que exhala de cada rincón. Aquí, en los Barruecos y en las dehesas aledañas, el paraje me disuelve junto a ti, nos erige un hogar libre y liviano para ambos corazones, sin paredes de pecho, eternamente juntos….

domingo, 27 de octubre de 2013

Otoñada



Vagabundo que caligrafía su sombra,
que a cada paso anota lo que fulge.
Vida mía, trazo senda con tanto auge
que en cada surco alineo tu nombre.

Son mis yemas que rezuman alma
de arrope, cuentas de mi dama
Paloma, tonadas de mi Amapola.

Estas palabras tuyas inmovilizan,
estrofa a estrofa, las lindas rimas
que liban, como inaccesibles copas,
las estrellas que prenden mi cima.

Estibas tanto amor en mi boca
que este corazón, aun fuese roca,
se contrae más que gravitatorio
hasta detonar, por ti, cósmico.

Allá donde estés, en el dormitorio,
en el salón o en ese observatorio
del balcón, tu jardín mitológico.

Donde deseo clarear como albor,
o extinguirme al ocaso en calor,
o sólo ser siempre tu tímida flor;
lirio en un único tiesto de amor.

viernes, 25 de octubre de 2013

Dónde estará mi niña


     Dónde estará mi Niña, en qué oscuro lugarejo de la noche otoñal. Dónde estarán esos deseos que transcribes en mi corazón, en que prado tremola la luz de mi Amapola, el plenilunio de sus sinceros ojos.

     Su estival amor deshojó en lírica la vida de este lirio, de tal forma que ahora soy bulbo pulido de cianea que sólo desea que a mí venga la galana primavera de mi rubí Amapola.

     Mi Amor, sé que, como un rosario, me desgranaré en cuentas sentimentales para llenar tus ojos, sé que, como un ascético romántico, seré el peregrino que jamás abandona su camino…, un sólo destino poseo, desbordar tu pecho con ensueños, con gracias, con bailes…. He de lograr, con suspiros discretos, que en cada tic-tac de tu reloj sientas el latido exaltado de mi corazón, para que tu pecho redoble un amor incomprensible…, una felicidad inabarcable.

BUENAS NOCHES, MI VIDA.

Estate tranquila


     Vida mía, estate tranquila pues te guardo con tanta lucidez en mi pecho, entre mis débiles brazos, que advierto con total exactitud la fina órbita de tu perfecta cintura, de tu magnífica silueta, de tus correctas nalgas (mmmm)…, que advierto con total claridad la transparencia y suavidad de tus manos entremezclándose con el vello de mi pecho y con mi corto cabello.

     Así, mi Niña, en mí están diluidas todas tus palabras escritas o habladas, tan desleídas que me emergen como aurora al despertar, que me aluzan los pasos durante toda la jornada y que, al retirarme a dormir, me sumergen en dulce y cariñosa alucinación.

     Has copulado de tal forma mi ser que el más mínimo gesto que recuerdo es hermosa obra que atesoro con celo, como si se me escapara la vida en ello. Estás tan dentro de mí, eres tan evidente en mi corazón, que un prosaico ademan tuyo se torna bello como Fénix de fuego, que una muesca de felicidad se incuba como mácula cegadora tras mis ojos; y, por supuesto, que un imperceptible roce de tus manos, o el pose ligero de tus labios, o profundo beso haciendo el Amor…, sí, juntar las bocas o separarlas sin articular palabra alguna, mas expresando un Todo…. Eso, mi Amor, lo percibo como si me abrieses al vuelo libre el edénico y cristalino abismo de tu alma, totalmente entregada, sin la más mínima reserva; y claro está, de forma similar, al entregarnos al Amor, yo desnudo mi ser para que reconozcas todos mi entresijos, para que los cuides y los mimes, y veas que son de color de lágrimas, que ni siquiera hacen daño a una mosca…. Son, con total franqueza, las reverberaciones de tu sonrisa, los ecos de tus besos, son el mero reflejo tus palabras, de tus pasos…, estoy lleno de ti.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Empapado


     Tengo los pies empapados. Hoy, en Badajoz, me cogió la lluvia de lleno y, aunque me cubría con el paraguas, terminé con los pies totalmente calados. Los dichosos paraguas sólo son para un rato, no para ir de puerta en puerta durante toda la mañana. Además, cuanto más los preciso menos me cubren, como es en el caso de la lluvia torrencial y arremolinada. Sólo sirven para esa llovizna ligera que ni siquiera llega a encharcar y, por supuesto, siempre que ésta se desencadene directa, sin brisa y por el camino más corto, vertical del cielo al suelo; y, cómo no, también son interesantes para esgrimirlos, para lucirlos caminando almidonado y encopetado de una buena presencia. Pero en todo caso, una cosa está clara, han de ser cómo los paraguas portugueses, de copa ancha y fuertes, que obligue a caminar por el medio de la calle, pues en el ancho de la cera no cogen, y que cobije a toda la familia, e incluso a los comensales.

     Para colmo todas las baldosas huecas eran mías, incluso algún que otro charco disfrazaba su reflejo para que hundiera, hasta bucear, los pies. Mas luchando con el paraguas y asiendo la cartera con ambas manos pasé la mañana siendo naufragando, no entre el llanto desconsolado del cielo, sino entre las lágrimas de hilaridad que nos provocaba la lluvia. Imagínatelo, Amor mío, zozobrando en tu corazón, hasta tal punto que el chaparrón era el orvallo ligero de tus besos. Me movía como un niño y así, mi Niña, te veía, churumbeles juguetones e indiferentes que nos esparcíamos en el aguacero, hasta tal punto que hambrientos de amor y de diversión nos diluíamos cristalinos en los charcos.

     Soy marinero donde quiera que esté, pues tengo una Mar Mujer, una Mar Amapola, que colma el puerto de mi pecho con bocanadas de belleza, con alisios de sinceras emociones, con Adamar de Amor limpio y virgen…. Una andanada de besos tengo que arrestar cada vez que vas al colegio, miedo me da estar cerca de ti. Mas, cuando estemos a solas, no seré capaz de contener el ardor que mantienes dentro de mí y, locamente enamorado, desplomaré una tempestad de besos para que rebose tu Mar, mía, de la felicidad que mereces.