sábado, 13 de septiembre de 2014

Marcos




     Respiro mejor cuando me ensimismo en alguno de mis poemas que, cuando pateo la absurda comedia que me emite la vida. Así, día tras días corro por enfrascarme en mí, tras las lunas del coche cuando viajo; o bien galopo por cobijar mi alma junto a la suya, la de mi Niño, en la tibia calma del hogar o, por supuesto, todos los anocheceres revuelo ligero sobre alisios de ensueño, por enjaularme, Amor mío, contigo.

     Pero aun así, Cariño mío, al otro lado sufro de estomagante ahogo, es al contemplar lo vano que resulta mi hado. Pues camino jornada tras jornada, esquivando resbaladizos entarimados, mas sin más remedio los he de vadear e, incluso a sabiendas, he de aceptar leoninos pactos; aparcerías baldías que me llevan a extraviarme en una soledad de inanes documentos.

     Son tantas y tan absurdas estas comedias en las que he de participar y, a la vez, siento tan plano y seco el corazón humano que presiento que me contagio, pues al convivir, al caminar a su par, me contamino inevitablemente de ostracismo.

     Mas interpongo enmienda rehuyendo de la entrampa de la codicia, evitando la abigarrada sinrazón que surge a merced del polícromo y perseverante atropello de los medios de comunicación y de esas aficiones un tanto huecas que se pretenden a doquier. Como es la locura que embaldosa y esteriliza paseos, donde ya apenas crecen briznas de hierba, o como es el ahogo de toda brisa natural al emperifolla fachadas alicatándolas con pulidas lunas, o como es el disonante y desaforado runrún de los vehículos, o como no, como son los murmullos altísonos y blancos de la muchedumbre; acaso estos acosos no son abusos de la ingenuidad con los propósitos de envanecer cada rincón de nuestro cerebro.

sábado, 6 de septiembre de 2014

A pesar del esfuerzo


     A pesar de los esfuerzos, el agobiante quehacer logra romper nuestro frágil canal, llegando, incluso, a mermar el cauce virtual que a diario irrumpía hacia nuestros adentros. Mas estate tranquila pues tan vasto es mi sentir que apenas advertirás merma en mis latidos.

    Así, Amor, que nada te descorazone. Sabes que cada vez que puedo, bien al caminar durante horas por allende de los alboreares, o sea, entre las inacabables y aburridas jornadas de tajo, me aparto hacia los particulares santiamenes de cariño que me cediste.

     Así, a diario, y durante el día, aúno todos esos singulares instantes y lo hago no sólo por hallar un vocablo dicharachero o romántico sino, más bien, por sumar aquellos discretos y hermosos periquetes que me resultaron más que necesarios y que son, mismamente, en donde me gusta guarecerme; pues aquí, en mí, los acojo y los acoto, y en ellos me refugio. Surgen, de esta forma, febriles reminiscencias de delicada piel, besos que calan y miradas que se clavan…, un arrecife particular, la avidez por un sueño inagotable.

     Son pues íntimos posos de pasión, densos e inapreciables hechos que sedimentaste en mi pecho; cuajos que sobrevienen ligados a dulces recuerdos, reminiscentes tesoros que resurgen desde mis íntimas entrañas…, es en sí tu amor, tu discreto amor….

     También, en las interminables noches, me repliego a donde tantas otras veces me he ceñido. Con ígnea efusión de sangre, de ligeras arrugas de sonrisas…, de inmarcesible felicidad. Tantas palabras se sacuden en mis sueños, es el arte de tu voz, la remembranza de un sinfín de susurros que se alza en un pecho ahíto de significados: poéticos y románticos, narradores y precisos, maestros y claros y la clave, esa lectura más que literaria en lo más hondo de mi corazón.

     La oscuridad se colma de develo inspirando un torrente de sentimientos. No una bobería de heridas que hiende la piel sino, más bien, un espíritu perfumado que me hace perder la razón. Surges aquí, Vida mía, como un estímulo plástico, adhiriéndote fina, como película hialina, a toda mi sensible ventura. Creas así, en mí, un patio de macetas, de quebradizas espigas y de delicadas flores, una llanura verde y aterciopelada de yerba. Palias todo cansancio, bruñes las arrugas del ceño y, como aire paseante, penetras animada, como cuando sales de clase, prolongando el deseo del sueño, la codicia de poseer tu belleza, de descansar contemplando tu rostro, las finas curvas de tus labios, tus cejas, tus pómulos….

    Condenado estoy a este ahogo de cuerpos que sin estar físicamente junto reposan somáticamente, un esposar de amor que se mantiene gracias a la perenne documentación que posee tu corazón. Son mis dedos humedecidos los que te acarician líricamente, los que te tocan sensualmente. No hay nada más que humildad impresa en las ventanas de mi Mujer.

     Niña, no estoy lejos, no me has perdido sino sigo acá, inmerso en nube de insomnio y cabalgando por alianza desbocada. A riendas con un mar de fábulas e incluso, a veces, con un dogal acerado que ata alguna leyenda popular y ya son miles de pertrechos sacados de todos los rincones de mi pecho.

    Así es, Vida mía, recolecto, de los exuberantes bosques que plasmaste en mi corazón, las bayas más dulces y suaves que jamás se han paladeado y las macero junto a los aloques que inundan mis venas y después, sumamente acarameladas, las revierto, como rehalas de corderos sedosos y albos ante tus avellanados ojos.

     No habrá miedo a que nos descubran cogidos de las manos, ni siquiera a que asome un ojeador inoportuno que figure que paseamos juntos. Pues pisoteando los estrellados racimos que prendiste en mí, separaré en secreto el néctar del mosto del querer, la dulce tinta que tanto te embriaga y lo volcaré a arrobas en las cubas canela que se alzan en tu pecho.

     Así aposentarás bodega limpia, cubas ricas en amor, acaramelado roble cae desde los labios de tu boca hasta los rojos y carnosos brocales de tus íntimos deseos.

     Y, en todo caso, atajaré con hidalga valentía los irresistibles molinos que se entrecruzan en nuestra distancia, los embestiré con galante arrojo, con hojas tenaces y amantes y así triunfaré ante maldita y terrible desesperación de no tenerte consigo

     Estamparé, bien en tu propia carne o bien en un verso particular, besos innatos, propios. Labios en carta para caldear honestamente tu boca, para cuando te aísles ante el rincón del teclado, para cuando cierres los ojos y te fundas en el extravío de mi ahogo.

sábado, 23 de agosto de 2014

Anda


     ¡Venga, Dama mía!, ¡despierta ya!..., que el altanero gallo, en allende del tejado, en la veleta, alardea desgañitándose en canto e hinca, herrumbroso y antojadizo, su vacuo ojuelo en la inasible semilla de plata que se alza allá, en la lontananza. ¡Alza pues, Flor mía!..., ¡despabila!..., que ya mismo acallará su vanidad y se retirará, pues en “na” que alumbre la hacendosa Luz se ocultará en su yermo y bermejo calvero.

     ¡Vamos, Alma mía!..., ¡aúpa!…, que el ganado no apenca guarda, sino que voraz se impacienta y hasta capaz es de embestir el valladar que lo refugia si no lo atiendes ya. ¡No oyes!..., ¡no te azora ese bramar!..., es el de tu acanelado ternerillo que ya no mugen sino, más bien, gañen áfono por masticar una braza de yerba fresca; mi Amor, desempeña labor de zagalejo tendiendo tu dócil mano para que el ternero relama de lo glauco sin recelar de estar falto cariño. ¡No escuchas, Vida mía!..., ¡No te apena ese destemplado balido!..., es el de la nívea merina que, sin apacigua, balita por masticar paca de áureo heno, una de esas bala que al alba exhalan todo el perfumado rocío que la impregna; adicto soy a ese etéreo y dulce psique, a esa suave ánima que abruma todo el campo y a mí me embriaga, me enajena…. ¡No lo sientes, mi Niña!..., ¡no te seduce ese tonado relinchar!..., es tu alazán que clama cabalgar, pues, como bien sabes, su sangre se nutre tanto en la vasta pradera como en la cristalina ribera. Tu potro sarraceno de crin larga y hopo descolgado, beige pálido, casi albo, sedoso y limpio, que le urge la fecundidad del herbazal, para que su oriunda osamenta, a través de la cepa que clavetearon en sus cascos, se abone con la savia de la deshoja que estercola el suelo y con el aroma de las flores que inciensan el aire como si de reino se tratase.

     Sabes, dormilona, se te enfriará la soja en la mesa y, además, hermosa Lirón, no verás como el Sol se despereza descarnado y la Luna, consumida de tan larga vigilia y apenas sin opalescencia, se echa al fin a dormir en el vientre de su Tierra; los selenitas merecen recobrar el aliento, rejuvenecer su azucarado cande para que a la noche, de nuevo, dispersen su dulce y transcendente sueño y así mitiguen el duelo que nos produce el profundo firmamento. Te vas a perder como se desdobla el amoratado manto con el que se arropa la noche y como, a la vez, se inunda el campo con sereno color. Así, con un tropel de criaturas, con una andanada de vidas armoniosas se irisa la cianea del éter y todo, hasta lo cristalino, trajina entre bellos visos, entre fantasías imposible…, entre lo que tú, mi Amor, me trajiste: la primavera, que no fue sino más que tu beso; la belleza, casi inalcanzable, de la perfección que no fue sino más que el amoroso palio de rocío que depositaste en mis labios….

DIOS…, LOCAMENTE AMO.

lunes, 18 de agosto de 2014

Dama delante de mi sombra



     Es la Dama que camina a la par de mi sombra, el suave soplo que se derrama en la brisa de mis tardes. Una candela cegadora, poderosa e inagotable, una luz que jamás abandona y que invade la arena de esta playa de tal forma que me sume mágicamente en visible soledad.

     Ahora, aislado, sólo percibo el golpeteo de sus olas, el caudal de esa Mujer lejana que sumerge mi memoria en oíbles recuerdos. Son las conversaciones de nuestras tardes, de esas madrugadas y de las mágicas noches, son sus penetrantes y persistentes palabras y son tantas que me alzan como cometa de color al viento, sin que vuele ningún otro recuerdo más alrededor y sin que flote nada más, tan sólo fluye fina voz en el viento, su gran cauce de amor, mi exclusivo río de ensueños.

     Una única Mar para hombre que se aflige bajo canícula estival, que se aísla en la claridad de la memoria y se desespera en la aguarda. Son tan tímidas estas células mías que sólo se agostan en su trabajo, que sólo envejecen tras la humildad de su pecho, donde un par de ventanas caobas aluzan como magnífica mañana, donde llueven las lágrimas por no poder verte, donde mis ojos, como si fuesen eternos posos de café, despabilan sagaces ondas de amor en la delgada cara de un papel.

     Que escapen estas hojas, que sean arrastradas sin tormento por los deseos del viento y que nunca se desvanezcan ni bajo la hialina binza de la Mar profunda ni tras la caediza niebla de la palabrería, sino que marchen veloces y ligeras como balandras alegres hasta arriar de forma súbita y precisa en el corazón de glorioso puerto, en la íntima memoria de su perfecto cuerpo….

viernes, 8 de agosto de 2014

Te asiré por el brazo


     Te asiré por el brazo y sin que arbitres oposición alguna nos encaminaremos hacia esas mágicas ciudades. Así, daremos duraderos paseos a pie…, a la luz día y sin pizca de impaciencia; entre la algarabía de gente alegre que presta transita por las amplias avenidas.

     Buscaremos la umbría de los árboles, el entoldado de las incontables tiendas y la sombra de las espigadas torres de los edificios. Tantearemos los frescos lloriqueares de las fuentes y, durante las horas de solaz, nos quedaremos mudos con los reflejos de un estanque, prendados con el caprichoso titubeo de los pececillos de colores o hechizados con el elegante o ensoberbecido nadar de los cisnes, de los variopintos ánades o de los blancos ánsares.

     Abigarrándonos suspensivos en algún que otro jardín, al abrigo de un aislado banco, mediado sencillas palabras y suaves caricias y, por encima de todo, Amor mío, compartiendo el embrujo de nuestro dócil e infinito aliento…. 

     Sé que a veces, y sin hallar excusa y, por supuesto, sin ser una víctima más de las alhajadas vitrinas, sino tan sólo por ser el insaciable mártir del amor que tú me entregas, de esa querencia tan colosal que sólo es comparable a la que resulta de aunar toda las ternuras que albergan los incontables corazones que forman parte una gran metrópolis; compraré no una sortija, sino un sinfín de finos aljófares; no una flor divina, sino un soberbio ramo, …de novia; no una liviana blusa y ni un ligero velo, sino un ajuar de sedosos vestidos e ingrávidos pañuelos bordados por escrupulosas manos…; para que todo ello, anillo, flor, vestido o un simplemente un buen libro, se apropie de tu magnífico cariz y resplandezca hermoso, en la singular figura de mi lindísima Mujer.

      También huiremos en las noches, sin el arresto de las miradas indiscretas, sin que nadie nos detenga. Vagaremos bajos las estrellas o nos abrazaremos al compás de una canción, embebidos en su melodía, entre otras parejas que bailan…, se divierten. Felices, silbando por las iluminadas calles y sin que nos importe lo tarde que es, vagaremos por paseo fluvial…, hasta que la paz sea absoluta. Ahí, en ese preciso instante, será cuando alcancemos la cúspide de los deseos y me extravíe entre los botones de tu blusa, palpando temblorosamente los deliciosos rincones de tu cuerpo y justamente antes de que amanezca, cuando la Luna exhausta de tan larga velada ceda al rescoldo puro de un nuevo día, separaré tus piernas y, abriéndome de par en par, nos concederemos ese codicioso suspirar de hacer el amor con el Sol ahíto de rubor....

     -Tienes que vivir-,… escribiste en una de tus anteriores frases, Amor mío, y ahora siento que ésta se prende cálida como llama en la fría cárcel de mi pecho y que de súbito, como un arrebato de lascivia desbocada al dar un beso inconcluso, se me agolpa en la memoria como tropel de amor. Mantén abierta esta esclusa tuya con otro tanto de palabras limpias para que así logre descargar todo el sentir que me vuelve loco.

     Sin un sino definido y henchido de equivocaciones te halle y me hiciste sumamente feliz. Dejé atrás lo opaco y esposado, amarrado a ti, marché hacia lo mío, hacia lo dulce y claro, hacia un único destino, a estar siempre contigo.

lunes, 4 de agosto de 2014

Galera



     Deja que siga…; sí, deja, Amor mío, que siga siendo la botella que lució destellos al precipitarse por el cabo de San Vicente y que ahora, perdido y sin gobernalle, boga por la mar batida, enarbolando desesperados sueños sobre las espumas de las olas.

     Suéltame en ese inclasificable rumbo donde el acallado hado aguarda al día en el que estemos juntos. No temas que, aunque flote a solas en olas de infinito piélago, no naufrago por dicha tempestad si no singlo con rumbo fijo.

     Llegará el día en el que ice pendón con orgullo, que sienta como amaina la separación, día que cese la inconstante ola y que la añorada espuma se arrincone sin necesidad de letras y se disuelva en los remansos de tu liso vientre, en los vados de tus húmedos labios…; botella de amor que arribará en el abismo de un gran corazón….

sábado, 2 de agosto de 2014

El origen de mi Universo


     Me vuelvo hacia el velado espejo de mi fútil ego y advierto, con asombrosa nitidez, que su pulimentada belleza aún recubre toda mi alabeada plata. Es vivo e inextinguible rescoldo que descansando en mi pecho lo aluza como balsa de aguamarina, una sola Estrella que atora con agradable cianea matinal la remota angostura donde se enmarca mi vida.

     Se forjó a raíz a un leve desliz, mas con el devenir de los años la delirante flaqueza tomo cariz de ensueño. Una explosión etérea e incorpórea, un big bang de materia jubilosa que traspasó la cerrazón del juicio y se propagó, irisando la intemperie de los deseos y demoliendo los valladares del hastío, hacia los confines de la ilusión; onda de amor eterno que desbordó los límites de mis manidos sentimientos.

     Infinitas y livianas cuentas de alma que se deshojan sobre las lenguas rojas de una sola Amapola. Collares de suspiros que, surgiendo desde el mismísimo pistilo de un lirio y emanando a través de los hontanares de sus ojos, de sus labios y sus poros, se rocían nacarados sobre la binza encarnada de sus sedosos pétalos. Locos caireles de Bohemia, arañas de pasión que se descuelgan en el corazón de una sola flor. Singular mirabel que se remolinetea alrededor de pétrea yema, de prudente mujer que desconcierta el Universo de mi vulgar mente.

     Alterno aptas palabras y la pauso en estrofas. Un cántico de latidos, de respiración, un resuello de pecho enfermo que, aun se disipe en el éter, se compendia y se adecenta, como lágrima que destella íntima realidad, ante las ventanas canela de maravillosa mujer. Un zumo de melancolía, un licor que no hace daño, un magma de amor natural que surge desde el volcánico corazón de uno hasta orillar, sin herir, el pelágico pecho del otro….