martes, 10 de diciembre de 2013

Feliz Navidad y Próspero Año




Para mi Hijo y mi familia, ....., mis amigos del Dulce, de las Vías Pecuarias y de la Empresa.



Miel para un arbusto



     Y si me seco como la rama de un árbol, y si esta madera alegre que sustenta tu corazón se languidece otoñal hacia el suelo.

     Cuando termine el día, Vida mía, cuando parta de Badajoz hacia casa, alzaré la vista y orientaré mis labios y mis manos hacia la calle Cañada, me estrujaré el cuerpo, lo apuraré como si fuese jugo agridulce de limón y vaciaré hasta la última gota de mi pecho.

     Cuando esté en casa, Amor mío, continuaré con la vista perdida y helada en una única ubicación, y desperezaré mis yemas sobre el teclado, las agrietaré hasta que no me reserve alma alguna para dormir.


     Ya en la cama, con una bellísima fotografía en la mesilla, siempre a tu lado, ladearé el cuerpo y abocaré suavemente mi labios hasta rozar tu mejilla…, hasta sentir tu cálida boca y así verteré el poco amor que a la noche me resta en el pecho, y abandonaré mi mente para que divague por el lindo abismo de tu ser, que ahí se restaure, en tan fértil belleza y que, mágicamente, al día siguiente, vuelva a ser tu arbusto frondoso, primaveral, rebosando la savia de mi ….

viernes, 6 de diciembre de 2013

Tiembla el pulso


     Amor mío, ahora mismo estoy copiando test para mis alumnos, mas me es imposible pasar una sola página sin que me surja la necesidad caligrafiar sobre esta galería los suspiros de la neblina, del rocío y del añil cielo que hoy he respirado. Difícil, me resulta sumamente difícil leer un solo párrafo, ni siquiera una mísera línea para mis alumnos sin que el pulso me tiemble. Vida mía, a lo único que aspiro es a acurrucarme en este rincón, a encoger mis piernas en el sillón y a escribir cuanto, cuanto me encanta amarte.

     Es, ciertamente, lo que me mantiene firme, sin importarme en ningún momento el intercambio de mensajes. Pues, Amada mía, me llegan a raudales tus sentimientos, es como si toda la faz del mundo radiara la primaveral hermosura de mi Mujer. Te siento y respiro con ilusión en todo momento tu besos disueltos…; y a cambio intento devolverte cuanto de ti recibo, te escribo generosamente mis besos de amor.

Churros


     Ahora, cuando Jaime termine sus clases colectivas, iremos corriendo al mercado a comprar churros y así, mañana a las siete y media lo tendré todo dispuesto. Las tres tazas de chocolate negro, como a ti te gustan, y una fuente llena de churros calentitos y crujientes.

     Sin pereza, trabajando más de noche que de día, como los artesanos panaderos que sacan todo el pan antes de que llegue la madrugada, entraré, mi Amor, en la cocina y me pondré el delantal blanco de pastelero. Primero echaré las raciones de leche en puchero, con dos o tres cucharadas soperas de cacao y algo de azúcar, por el goloseo de José, y a virar sin parar y a fuego lento hasta que hierva, para que no se pegue; a mano desnuda aun me queme.

     El chocolate debe guardar la textura correcta, o sea, si desparramo una cucharada en un plato y paso el dedo, la crema se debe juntar muy lentamente. No sé cómo lograrlo, si me quedo corto la taza queda como uno desayuno normal de leche con cola cao y, en cambio, si me paso con el cacao en polvo el chocolate resulta empachoso, menos de media taza y ya saciado se pierden las ganas de continuar con el desayuno. Así que tú guiarás mi mano, me la cerrarás para asir la cuchara y la guiarás en la bolsa del cacao, tomando la ración perfecta, ni colmada ni escasa como siempre lo haces.

     Los churros mejor que sean de aquí, del pueblo, recién hechos, pues me han decepcionado los ridículos churritos que he visto en el mercado, escasamente eran del tamaño del índice y el pulgar cerrados. Así que, con ganas, me anticiparé al alba y seré el primero en la churrería. Sabes, echo de menos unos churros que en antaño hacían en mi pueblo, en las épocas de matanza o durante las fiestas de la Navidad. Eran raciones pequeñas, de uno 20 cm, con cabeza crujiente y curvos como un bastoncillo. Se han dejado de hacer por las nuevas tecnologías y por lo laboriosas que eran, pues en el aceite caliente se echaban, con una churrera manual, unos seis o siete churros y deprisa, antes de que se dorasen, se tenían que abrir las cabezas con unas pinzas. Agotador el esfuerzo de comprimir la churrera y debía de ser muy sofocante el tener que abrir uno a uno los churros. Ahora, como sabes, son unas prensas manuales que vierten una rosca grande y, una vez dorados, en la escurridera los cortan deprisa con las tijeras.

    Lo bonito de ese manjar de antaño era que te lo servían calentitos en unas juncias, en esas hojas verdes que salen en las riberas. -Somos tres, dos para mi Amor, dos para mi peque y dos para mí, ¡quiero seis!...- te los colgaban en una o dos juncias y listo, deprisa para casa para que no se enfriaran…, con ese aroma de masas frita y feliz porque son para ti.

     Después untaré tus labios con crema de chocolate, ahora me voy por los churros…. TE QUIERO, AMOR MÍO.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Susurro


     Mi Amor, todo va muy bien. Tan solo me quejo de unas cosillas nimias. Una es que cuando cae la noche se me despista de tal forma la cabeza que no atino ni donde deposito las llaves, ni donde sitúo la cartera y menos donde suelto el teléfono; sí, tal es el fallo de mi razón que antes de acostar, para hallar el teléfono que uso como despertador, José tiene que hacer una llamada perdida. Qué decir de la cocina, despisto la sal o la confundo con la azúcar, la cuchara, el mechero de prender los fogones, equivoco el brick de la leche con el del vino o lo meto todo en el frigorífico. El despacho, la inasible montaña de papeles…, supongo que es la culpable de todo, pues timbra tan fuerte en mi interior que cortocircuita mis dendritas neuronales.


     Mas, mi Sol, me hace a diario amanecer, me lleva a echarme como tenue sombra bajo su opalina luz de Luna, un ambiente único que deshilvana todas mis sinapsis y así, cada delgada prolongación neuronal, queda tonsurada y clara. Es su ardiente alba de palabras, o el ocaso de su sinceridad o, tan sólo, el abecedario alado de su corazón el que taumatúrgicamente desborda mi razón. Que bello, Vida mía, es tu estanque cristalino, es ese pensar profundo y entrañable el que me cubre de nenúfares, que me alza el corazón aspergiéndolo como arcoíris cegador dentro de mi memoria.

     Preferiría, Vida mía, estar físicamente a tu lado y encallecer mi oscura garganta a base de haces luz. Sí, conjugar cientos de diminutos colibríes que zumbaran amor, sencillo amor, alrededor de tus oídos. Mas me conformo con arrojar sobre este espacio en blanco del ordenador una nube mohair de paracaídas, para que sentada al otro lado presientas mis piernas, mis brazos que te rodean, mi satisfecho colibrí que, desde aquí, te susurra cuanto de ama…. En fin, deseo que este tosco sonido del teclado se transforme en beso suave y dulce, como de aceite de oliva con azúcar, que penetre en ti, Mujer, sin necesidad de abrir la boca, que impregne tus ojos, e incluso mudo, se infiltre por tus tímpanos y que se detenga para siempre en tu alma; mi apresurada sangre que exalte de amor tu corazón.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Saciar el hambre


     Ya van todos a saciar el hambre a sus casas y como el alba se fue, el Sol, ahora que van corriendo, les caerá a cuchillazos. En las calles poco a poco se restaura el silencio quebrado, ni siquiera quedan las plegarias de los indigentes, y de forma unánime se retiran a yantar alrededor de las mesas.

     Qué manjar me trascribirá mi Amada, con que vianda saciará mi vientre. Yo, ayer, con entrañable primor, así una cuchara de madera y removí los tallarines hasta quedar “al dente”. Me abrí el pecho y, junto a los ajos, la cebolla, los pimientos y el tomate, espolvoree todo el corazón posible.

     Sé que se servirá cuatro cucharadas de pastas, tal como le dije, pero tozudamente ni siquiera las calentará. Llevará una botella agua, los cubiertos y de postre, con toda seguridad, chocolate, obviando las naranjas de temporada y seguro que, igual que mí, se le olvida algo. Después, inocente y feliz se sentará en la mesa y con cada porción que arrime a su boca me infringirá una insoportable cicatriz. No advierte cuanto me duele que esté solo, que vaya así al conservatorio o que aguarde en la calle hasta bien entrada la noche. Mas se siente bienaventurado y sonriente, como si brillase a mi lado, posa sobre sus finos labios mi corazón picado; sin desperdiciar cucharada. Me muerde y me muerde, y royendo feliz, me totalmente hace suyo.

     Yo, mientras, intento hacer un prodigio y en silencio, como un terrón de dulce nieve, o como el gustoso vaho que exhala el perol, o sino con el brío de una pizca de salero, me sitúo, Amor mío, entre tus dedos, me poso en tus labios y acaloro de pronto tu hambriento corazón, como ese Sol que nos acuchilla al mediodía. Ni tú estás sola ni a él le falta mi compañía, pues aquí, sobre el teclado, molturo mi pobre forma de ser, desmenuzando el espacio que nos separa y me escondo juguetón en vuestra alma, de forma sana y sin resentimientos, arrojando en vuestro interior toda mi vida, lo único que para vosotros poseo.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Amatista


     Mi Amor, esta tarde, durante el concierto, un diminuto angelito me ha acogido como fiel amigo. Yo tiritaba de frío, pues ese local, como te he dicho en el anterior correo, era un incuestionable arcón frigorífico. En cambio a él, sentado en la fila anterior y luciendo su diminuta cabecilla de alfiler de oro trefilado, que apenas le cubría las orejas y la frente, le era indiferente el gélido ambiente.

     En realidad casi no permanecía sentado. Las manos férreas de su abuela procuraban en vano calmar sus indóciles aleteos de tórtola arbal, mas él alzaba sus pálidos y finos deditos labrando el aire, no como rejas sino como azucenas, plumas que desterronaban la árida atención de todos los espectadores. Asía algo que pasaba desapercibido a todos, quizás blandía una larga, firme y blanca espada que seguro que no laceraba sino, en todo caso, ablandaba y deshelaba las lágrimas de traviesos conejillos albinos, o acaso acariciaba las alas amatistas de las inquietas mariposas que revoloteaban en su inmaculada imaginación.

     Se me ocurrió penetrar en su fantasía con algo atrajese su atención. Sembrando judía mágica que al crecer le incitaran a trepar o sacando palomas al vuelo de la chistera de mi imaginación, fábulas que aleteen confundidas entre sus alevillas amatistas.

     Interesándose por mis sencillos gestos, me tendió su cándida mano; me dejo pasar a su pradería de ensueños…. Casi me desmayo al advertir su inofensivo jardín y al rememorar lo amarillo que eran los huertos donde a diario sudaba con mi niño…. Fui en tiempo un buey almizclero, áspero y negro que vivía en mundo yermo, mas ahora, mi Amor, una ternura indeleble talla mi corazón hasta tal hondura que hoy lo advierto arado y sembrado con puñados de bellezas, año tras año con los granos de Amapolas y Digitales.

     Con su minúscula y suave manita abarcó mi índice, transmitiéndome esa párvula energía que poseen las innocuas almas de los niños. Un poni asido con collera de seda que araba surcos de profundos versos, que desterronaba la turba de la vida labrando hermosos poemas….

     Puñaditos de sinceridad, de simple trivialidad que, como lírico labrador, segaré a diario para ti. Saciaré tu hambre, Vida mía, con el grano dorado del verano que ahíto en mi pecho. Así, humilde y sin necesidad de que se divulgue esta mies, te la reservaré toda, Amada mía, para que seas lozana flor de mayo…, milagro cegador, vela rubí que camina por el pavimento de la calle Lucenqui.

Te amo, Amor mío.