sábado, 12 de octubre de 2013

Cómo puedo


     Cómo puedo, Bienamada, esparcir imperceptible cariño dentro de tu lar. Dime, Amada mía, qué hacer para eliminar la pena que te desasosiega y dispensar el tenue y dulce aroma de primavera que mereces.

    Articularé los nudillos de mis dedos hasta que me duelan de artritis y mi boca temblará sin descanso hasta que quede afónica y se agriete por descuajar la inquieta sangre que tromba mi corazón.

     Dime cuántos profundos besos nos hemos dado en los labios y cuántos en hermosos e incontables sueños…; mi Niña, son tantísimos que me surgen y los revierto a raudales para plagar tu derredor, tu inmediato entorno, el único lugar que amo…, de inimaginables aromas, de bálsamos estimulantes como la suave fragancia del limón, o de esencias finas como el dulce olor de la canela o de efluvios frescos como el helor aterido de la menta…

     Es tan irresistible el deseo de mimarte, de abrir mi pecho y desperezar todos mis sueños. Tanto, tanto te quiero Vida mía que te necesito como un niño perdido asiste una mano. Así, a todas horas requiero tu quemante mirada y presiento que está ahí, perenne, y que, como la Diosa que para mí eres, me observa en todo lugar y en todo momento. Amada mía, me urge perderme entre ensueños a jugar contigo, a compartir sentimientos y a erigir nuestro particular hogar. O sea, Amor mío, a cerrar las puertas tras de sí y a adornar nuestro latiente salón, bien sea hablando de tus querubines o bien de mi quehacer diario; a entrelazar caprichosamente las manos para arrecadar nuestra hirviente cocina; a aliñar el día a día con sinceros picos o con ardientes besos; o escanciar la saliva que nace desde el hontanar de nuestros corazones.

   Mas al cerrar los ojos y advertir el sufrimiento de tu corazón lloro de incontenible dolor y, siempre ardiente, me consumo desquiciado en cenizas. No puedo asir esas manos que se secan otoñales, ni dar calor a la áurica espiga que abastece de harina al molino de mi Vida, ni siquiera raptar la centellante lágrima que se derrama entre sombras sobre la callada y apagada luz de su intensa mejilla.

     Amor, canturrearé desmedido e incluso balbucearé entre sueños para ser una linterna cegadora que arroba cada esquina umbría de tu razón, una vela inagotable que desvela el hermoso arte que luce en las infinitas galerías de tu interior. Tú, Amor mío, sin querer has detenido mis pasos, me has paralizado dentro de un edén y ahora, y en lo que me resta de vida, permaneceré inmóvil disfrutando y dilatando los inagotables encantos que cubren las pelágicas paredes de tu alma.

     Conseguiré, tal como tú haces en mi pecho, que en el reino de tu cuerpo se consuma mi vida en hoguera, me esforzaré para que se alce en llama inagotable. Prenderé, sólo para ti, un bosque repleto de fantasías, un bosque que duplique los aromas, una arboleda que atesore en impenetrables nudos nuestros innumerables secretos…; y prenderé esta espesa y celosa alegría para que estalle ensordecedora en el Reino de tu Pecho. 

viernes, 11 de octubre de 2013

Vamos


     Que ganas, Vida mía, que ganas de que el Sol se inserte en tu piel. Sí, Amor mío, tengo tanta necesidad que siento hambre de que caminemos como potros indómitos entre los bolos de los Barruecos. De abrazarte y besarte al aire libre, y ser dos hojillas secas que se evadan sobre un lecho de musgos. A la intemperie y en el limbo, acariciar tu pelo hasta quitar las asperezas de la semana, hurgarte con palabras dulces hasta que amaine la tempestad y migres libre y sonriente a un vergel de amor y de calma.

lunes, 7 de octubre de 2013

Lluvia


     Aportar, con suavidad y frescura, una lluvia constante que apacigüe la fragua diaria. No, no ser un mero calabobos, ni un simple y mensurable ciclo pluvial, sino ser tu impredecible sirimiri, para que siempre que me adviertas estés empapada de sortijas de amor, de misceláneas esmeraldas aspergidas sobre tu piel floral.

     Seré, aun te suene extraño, una regadera inmarcesible que diluvie placer hasta que escampe cielo raso en tu sien. Sí, Amor mío, ansioso a todas horas y en todo lugar por lograr tan sólo una cosa, sobrehilar un delta tras tus ojos, un tren de cristalina miel, de ámbar dulce que eslabone mi alienada alma a tu perfecta forma de ser, Mujer….

Un camino


     Tumbado bocarriba y con las manos tendidas entre la pureza de las tinieblas. Similar a un hechicero que con vaporosa lentitud, desde una loma escarchada en blanco, acaricia la seroja otoñal que se desprende de los árboles. Así ultimo, antes de partir, un abrazo más, un ramo multicolor que rompe la distancia y, creciendo en mi pecho, adorna y aromatiza tu lecho.

     Aun de noche, con el firmamento cuajado de estrellas y una ligera brisa que eriza la piel, comienzo mi ronda diaria para buscar clientes. Algo desconcertado, pero porfío en que lograré lo indispensable.

      Contemplo rosales que se resisten a marchitarse, que antes de que los poden logran una flor más, que luce hermosa a la luz de la luna. Observo niños corriendo por los parques y las eras, impávidos diablillos que se divierten con sus juegos sin que turbias y adultas malignidades les conturben.

      Me ganaré un racimo de uvas y un trozo de pan, lograré un plato caldoso de arvejas y repollo para la boca de mi niño…. Comienza la mañana y, desde antes de salir el Sol, un lirio aspergido de rocío desafía el fervor del prado. Cubierto con una capellina de entretiempo ahuyento el relente del cielo y contigo, Amor mío, transito todos los caminos. Un papa sin esconderse y una mamá deslumbrante transitan bajo los blancos haberes de las nubes y la limpia cúpula azul del cielo.

domingo, 6 de octubre de 2013

Amor mío, hola


     ¿Cómo está...?, y tú, Vida mía, ¿qué tal estás?. Yo no consigo, ni por un instante, apartar tu imagen de ensueño, la más bella visión que jamás he tenido. Así es, Amor mío, ¡no puedo! estar por ahí sin saber de ti, pues me agobian tanto los nervios que ¡me es imposible! e incluso, al no soportarlo, me ablando por de tal manera dentro que me apago oscuros, sin sonrisa alguna. Lo digo con absoluta franqueza, con este corazón, sólo tuyo, en la mano.

     Antes de ayer, por ejemplo, al ir de aquí para allá, sin poder escribir y sin conexión alguna, sentía mi alma muda, ciega y presa en el cuerpo. En medio de la calle me advertía vivo pero sin necesidad de estarlo. Sí, vivo y solamente eso, pues mi espíritu, al no ser libre, se había reducido a la estructura del esqueleto.

     Ayer fue aún peor, mis pensamientos, para estar contigo, volaban veloces fuera de sí. Intentaba saltar al profundo piélago de tu alma, mas me ahogaba lejos y sin esperanza en mi lóbrego pecho. Pues por la mañana corrí hacia Villanueva y más que llegar, para terminar e ir rápido a tu lado, me puse a arreglar el coche. Por la tarde quería desenredarme de los menesteres, pero fue imposible, me arroparon tanto que me asfixie. Mi Niña, nos robaron mi tiempo, este tiempo que sólo a ti te pertenece y, ya bien entrada la noche, y con José dormido, me retiré sin ilusión a dormir.

     Mas ahora lo logré, al fin respiro bien. Aquí, sumergido en tu pecho ya no me falta el aire. Sé que comienzo muy temprano, pero, Amor mío, lo preciso pues sólo con el primer segundo ya renazco lozano, con un minuto ya estoy plenamente vivo, con diez o veinte ya paseo, paseo y paseo, sin llorar o si lo hago, es de felicidad; y al cabo de unas horas presiento que esbozo un texto rosa, que logro con estas hojas un beso dulce, que me atrapan tus brazos y me hundo profundo en las entrañas de tu pecho.

     Útil, este diminuto corazón se abre hermoso, como capullo de flor, dentro de tu infinito y mágico mundo. Ahí, con la Luz de Vida de mi cálido Sol, me siento inmarcesible luna que vira siempre cerca, sedienta y hambrina, devorando amor, sorbiendo el ardor de mi gran Sol.

TE ECHO DE MENOS

jueves, 3 de octubre de 2013

Una tarde algo silenciosa y solitaria


     Una tarde algo silenciosa y solitaria, tan sólo se escucha el curioso efecto doppler de los coches que viene y van. Mordisqueo, como ratoncillo, una pera durísima y dulce y, mientras, escribo con una exaltación primaveral o, mejor dicho, casi estival.

     Te cubro sobre papeles blancos con la palma de mi mano. Te voy arropando con un una neblina de gestos, de pequeños ademanes que gota a gota exteriorizan la ola acezante que me sumerge, incluso despierto, en sueños. Contengo mis aspavientos, mas me es imposible moderar el intenso calor que disipa mi corazón y por ello, cuando revientan como burbujas, surgen aparatosos visajes de este cascarón afortunado que hospeda a dos brillantes flores.

     Crece mi júbilo hasta tal súmmum que neblina se tupe de deseos. Mi pasión hoza el barro derretido de mi pecho para revelar los candentes rizomas con los que tú, mi Amor, colmas mi corazón. A diario asgo una raíz menuda y selecta y la ovillo en mis yemas, son las líneas que serigrafían la palma de mi mano, infinitas briznas que revierto desde mi corazón espejo hasta el remoto cosmos de tus ojos.

     Mi Amor, Vida mía, yo tan sólo manejo el telar de vellón de lana que ahíta mi alma y si extiendo la palma de mi mano muestro un resplandor nostálgico y, a la vez, voluptuosos del único destino que anhelo, vivir amándote…, que tu Amor sea el hado de mi vida.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Escasamente una hora


     Escasamente una hora, tan sólo me conceden una tacaña hora para, como espejo, volcar tu bellísima pureza y no puedo ser mezquino he de abrir y extraer toda la luz que emerge de mi corazón y flota como medusa alrededor de mis razón, de mis ojos….

     Mas, aun parezca innoble la vida con tanto bregar, la riqueza de amar lo solapa absolutamente todo, es como la reverberación del eco pero en este caso se sobrepone tras los ojos con tanto vigor que los espejismos que emergen del pecho terminan reales. Tu mirada, el paraíso de tus ojos; tu faz, la deriva en la Mar de la sonrisa; tu cuerpo, la plumosa caricia de tus yemas, de tu piel aspergida de lluvia diamantina, de soles en la noche….

     Me estremece un temblor ligero al sentirme siempre en vilo, entre tus brazos…. Absorto, Amor mío, de en cualquier lugar amarte tanto….