sábado, 26 de enero de 2013

Toc


     Toc, toc, ¿estás ahí?, ¿me oyes?, ¿vas a salir con el frío que hace?, con esta temperatura casi de nieve y con el agua que no cesa… Aunque…, sí, es mejor que salgas, valorando los proes y los contras, considero que debes evadirte con tus amigas.

     Aun haga frío y ni siquiera surjan flores, la hierba prosigue alargándose, ocluyendo jovial la dehesa y bajo la luna luciendo intensa y así, de forma similar Vida mía, debes solazarte entre la brisa invernal, asperger tu pelo castaño, huir de los lobos y risueña, con brillo en los ojos, pacer entre voces y manos generosas.

     Sí, mi Niña, desprendida, denodada, sonriente, una entusiasta de las noches entrañables, del aire libre, de las calles alegres y los portales nostálgicos, del compás de la mar… Mi niña bebe, sáciate con los libros, con el trinar de los pájaros, con el susurro del viento, con el guiño de las estrellas, con el cariño de los niños o con el desacerbado amor que sólo a ti te profeso.

viernes, 25 de enero de 2013

Harina tostada con ojos caramelizados


Harina tostada con ojos caramelizados, cerezas, ciruelas o yemitas de huevo; con almendra o nuez majada; con confituras de colores, con azucarada nevada o con chocolate... La menta poleo que aún temple más tu cuerpo templado y que te ayude a mitigar la pereza de retirar las mantas en días de frío....
Una pizca de barro cocido, la piel de mis labios, hoy humedecidos con la aspersión de tu saliva, la interacción de plumaje conyugal, ingrávido aleteo de nuestras almas....

Así despiertas fulgurante y espléndida, aún sin maquillaje, más que sedosa y más que deliciosa, transparente como el agua, elocuente e íntimo cauce de cristalinas palabras... Apoyo la bandeja en el borde de la cama y sin artificios de pólvora detono en luz de galaxia, en materia etérea o sólida; me eleva tanto tu brío que me alzo despierto por encima de la Tierra….
Acá, juntos al amanecer, tras prender los ojos y tonificar la tez apurándola con unos minutos de lozanos agasajos, con las yemas de nuestro fresco laurel, consumimos la voz analizando el embrión del día. ¿Estamos juntos?, no, no estamos ligados sino aunados somos una Madre de inmenso fulgor o un Padre que luce como Sol, un vasto Sentimiento en un único Ser. Naciendo al día como río de la lava o, tan sólo, como cereza dulce y tersa, de humilde hueso de dos corazones, que flota fiel y flamante en el afluente de la vida.
Medio corazón y perfecto, que a lo largo de la jornada dispersa mágicos polvos entre neófito aprendices. Transmuta los números, los circunstanciales complementos o exprime la filosofía de las humanidades en cuentos polares repletos de zafiros helados, en metales preciosos con los que fragua y conjura regias tizonas, en aromas selváticos de flores que esparcen grácil e imperceptible por dentro de sus bisoñas sienes. Y la otra mitad del corazón e integro por ti, mi Amor, urdirá entre las máquinas, escudriñará la vigente legislación y aplicará el poder de la energía para deshelar el frío austral que hace que la bandera tremole sin esperanza, que acobarda y tortura a bizarros padrazos…
¡Oooooh! tu voz, tu forma de ser, tu denodado amor, de tal manera se ha asido a mi mente que la impregna de infinita ternura y la colma de sinceridad. Enamorado de advenimiento primaveral disperso cauce de polen, emano rubor floral y segrego melifica franqueza por cada poro.
Voy mi Niña, con esta bandeja de aliento, satisfago el amor inédito que me urge compartir contigo. Frenético e hipnotizado por tu corazón titila en cada taza que sirvo tu alma, la endulzo con mis yemas, sin inhibición. Tu Vaho se eleva y florece hermoso al mundo exterior y con ademan tierno y musical educa a sus Niños.

miércoles, 23 de enero de 2013

La razón de mi vida


     Densa melodía que aposenta letras en mi fondo, craso acorde que perfila imágenes sobre renglones, plúmbea canción que erige paisajes con frases o estrofas. Es la glosa que tus manos, tus ojos o tu cuerpo me exigen, la rima que deseo acoplar en ti, mi Predilecta Mejilla, y así, danzando entre sílabas, culminar, sólo para ti, mis poemas de amor. Sin números, ni ecuaciones, ni siquiera lógica razón, no es algo físico sino más bien delirante….

     Me erosiono cada día con intensa gallardía, como piedra roma sobre la que cae el tiempo, etérea materia que se disuelve junto a sal marina, entre las aguas de nuestra conjunta vida. Huele intensamente nuestra identidad, huele a salobre sueño.
     Ya puedo escudriñar todas las cosas que me rodean, o deletrear con prolijo los libros, incluso los leídos, o rehacer de nuevo la carrera que tú, mi Niña, eres lo más importante de mi Vida, mi Vida en sí. Más densa que la dulce miel, más intensa que el ejido de trigo, la única razón que adhiere máscara de sonrisa sobre mi faz, tan sólida como una pared; tu voz, tus gestos, es la luz de mis días, ni de noche se extingue en mi pecho.
     Toda la jornada revolviendo notas, estructurando dialéctica, mas me doy cuenta que sólo puedo escribir con lógica si profundizo en las misteriosas expresiones del amor. Tú, mi Amor, tu eres la razón de mi ser, de mi corazón… ¡Gracias, Gracias, Gracias!.

martes, 22 de enero de 2013

Mi cofre


     En esta distancia, donde nuestro grito se escurre paralelo al silencio, se recoge toda nuestra vida. ¿Cómo debe de ser la tuya?, qué inmensa que ni con el batir de alas de ángel se puede franquear, ¿un cajón, un baúl, un arcón o un cofre…? no, debe de ser más, un archivador de incontables volúmenes, una biblioteca superior a la de Alejandría pero sólo con ejemplares que compendian el firmamento, que resume los océanos o que mensura mi espíritu.
     Es Joyero de pomos carnosos, la mansedumbre que clama a mis labios, las curvas de una Vida que se destapa al perfilarlo con sencillos besos. Es Bombonera que me conserva derretido, el cálido Vientre que hornea nuestro pan. Por dentro rasa como la piel de tu mejilla y cristalina como el espejo del aljibe que palpan mis yemas; deseo ser la orilla por donde sobrevuelen tus olas, la mansa cala que abracen por costumbre tus finos brazos.

      Ahora, para el jueves, he de rastrear lo más tierno para ahitar el alma de mi apasionada y bella Valija, perseveraré por mantener mi vehemencia, buscaré sus rosas y, si acaso no las encontrase, sus astromelias traeré.
     Con toda mi intima pasión al descubierto, con mi espíritu emergiendo tierno por las yemas, con este indescriptible celo te escribo que la aromática infusión de menta poleo debe irrigar el tibio abismo de tu cuerpo, que sobre el canto de la taza morderé tu ácida luna de limón y que no, mi Amor, no serviré caramelos de azúcar dentro de tu dulce boca.
     Con mimo, apenas perceptible, posaré pequeñas etiquetas de golosa tentación, confitadas estrellas para el cielo de tu boca, mermelados corazones para prenderlos en el pecho de mi Amada; así tus manos se desbordarán en caricias de arrope o de jalea, sobre mí la cremosa nata de tu piel desnuda, tus deseos húmedos, sin escrúpulos ni titubeos y me invadirás ferozmente con tiernos besos. Aromática y fresca hierba que cubra mi boca cuando me bese, el aliento de arrayan que incluso aquí respiro y que cuan te beso inunda como huracán mi alma enamorada.

domingo, 20 de enero de 2013

Ya estoy aquí


     Ya estoy aquí mirando, a través de la noche, por encima del mármol del teclado. Termina el día y con ganas cierro los ojos, cubro mi piel e incluso me tapo los oídos y la nariz; tan sólo deseo sentir a la dueña que posee mis adentros, la pasión que me entrega y me obnubila el pensamiento, la tierna calidez que sembrada emerge desde mi interior y me empapa en sudor.
     Desearía que todo fuese más rápido, incluso más brusco, que cuando sucumbiese en el crepúsculo no sólo sintiese tu alma sino también notase tu terso roce, o tu juguetona lengua se arremolina locamente por cada hueco de mi boca, o tu carne desenfrenada abrazándome como indispensable dermis. Desearía, mi Amor, que la viva luz de tu mirada aniquilara mi sueño, mi oscuro silencio y que todo, sobre lecho de hojas húmedas, germinase en sensuales burbujas, retozando a besos, con lisonjeo sensuales y así, juntos, pasáramos la noche amándonos, Vida mía.

jueves, 17 de enero de 2013

Gracias a mi oficio natal puse el cristal


     Gracias a mi oficio natal puse el cristal, ajusté rendijas, moví cerraduras y por debajo del coche casi de noche situé una ventana para mirar hacia fuera y no pasar frío.
    Mis trajines congénitos y el afán que desde niño tiró de mí, vistieron mi vida o quizás, como relámpago que cae en la noche, entró por los laberintos de mi sien, iluminando este humilde templo, y quemó todo vestigio de castillos, de chozos, de animales y en sí, de osadas aventuras.
     Antes, en cada rincón que pisaba, era niño que soñaba con caballos alados, … sin saber que supone ser poeta era una miaja poeta o acaso, jugando era más juglar que ahora. En el dormitorio, en la torre que representaba el mueble del salón, en la formidable ciudad que vislumbraba en el suelo del salón o en cualquier lugar…, sin rellenar hoja alguna, ahitaba de sueños mi insaciable pecho bisoño.
     Pero poco a poco la mar se fue quedando sin cíclopes, los bultos sombríos de la noche se mudaron al hado del día y los muebles de casa dejaron de refugiar a los soldaditos de plomos. Incluso el arrogante alcohol entró en la noche y resbalando por la superficie de las neuronas, produjo insomnio y marchitó absurdamente al niño.
     Mas ahora, con el corazón cautivo por vertiginosos sentimientos, percibo la existencia del ambicioso niño, que aún más exaltado entra en el fragor de tu inmenso Océano. Intrépido, cada noche separo las sábanas y navego valiente y afortunado a zambullirme en tu sueño.
     Grito, como todas las noches, tras las paredes de este cuerpo y mi latido de niño, mis sueños, en vigilia y ebrio de cariño se propagan tras los muros para anegar de amor los pretiles de tu infinito pecho. Mi niña, mi Bailarina de plomo, vuelo a tu lado con caballo alado y con las brasas de insaciables besos me fundo Contigo en un único e inmarcesible Corazón.

martes, 15 de enero de 2013

Cómo poner texto legible sobre una imagen


Cómo poner texto legible sobre una imagen.

     En primer lugar pensar, hacerlo inteligible, de manera que lo que escriba no quede a oscuras, vacío y sin sentido. O sea, que sea bella retórica que resalte sobre el pálido papel para que nuestros corazones aunados palpiten al unísono.

     Una vez esbozado el símil o metáfora en la amplia dimensión de nuestro corazón llega el turno de la mente; el razonamiento. Ahora hay que usar bellos axiomas y con una clara inclinación o lunática vehemencia declararte, como si me faltase el tiempo para demostrar algo tan evidente o como si en ello me fuese la vida, como es mi Amor por ti, preciosa Mujer mía.

     No, no he de compararte con una estrella ni con el Sol, sino he de profundizar más en mi humilde corazón y, sinceramente, decir que es gracias a su intensa Llama por la cual esa Estrella, mía, luce única, refulge bella y hace álgida mi vida.

     Tampoco he de relacionarte con una vulgar flor ni con una simple amapola, sino como El Principito describe o tal como me aclara perfectamente mi Mujer, decir que eres el singular Perfume que resalta y reina en el mundo de los olores y que sólo tú, entre las comunes flores, presides como deidad cromática y aromática, Amapola mía.

     Compararte o relacionarte imposible me es entre piedras finas, pues mi hermosa Emperatriz es la más lustrada en la mina de diamantes. Tan magnificente es su esplendor que reitero, destaca mi bella Emperatriz en esa república de simples estrellas.

     Sinceramente, pletórico en la vida y si tuviese que dar las gracias a un ser divino, estaría eternamente obligado a dárselas. Colmado de júbilo por amar a mi Amor y de saber que tú me correspondes con mellizo cariño. Preside mi corazón el Oráculo que desveló la luz de mis días, que traslució cual es la verdadera beldad.

     Estos signos puntuales, son las flechas de Cupido que hieren mi corazón. No hay estrella alguna, ni flor ni siquiera brillante gema, sino sólo una y es la más bella y hermosa, el Oráculo que impera con amor mi corazón; seré el lucero que te orbita y fulgiré intensa retórica para que siempre camines con densa y brillante sonrisa.